domingo, 24 de mayo de 2020

Policías y escritores (III)

Nuestro buen amigo, compañero y miembro de la Junta Directiva de la Orden de la Placa y el Mérito, Antonio Alonso Rodríguez, nos remite esta tercera entrega de la serie "Policías y escritores".



EUGENIO BENITO POVEDA, COMISARIO PRINCIPAL DE CUERPO GENERAL DE POLICIA 


La tercera entrega sobre Policías-escritores trata sobre uno de los mejores agentes “de calle” con los que ha contado la Policía Española durante su dilatada historia. Nos referimos al Comisario Principal Don Eugenio BENITO POVEDA, el conocido Comisario Poveda, también llamado por los delincuentes como Don Benito, confundiendo su primer apellido con el nombre de pila o Sr. Poveda. Destinado siempre en unidades que combatían la delincuencia común, profesor en la Escuela de Policía y jefe, en sus últimos 7 años de servicio, de la Brigada de Investigación Criminal de Madrid cuenta con una trayectoria ejemplar, participando, durante sus 35 años de servicio, en la mayoría de las investigaciones de los delitos mas importantes que se cometieron durante su permanencia en la Policía. 

Una vez jubilado, además de continuar dando clase de “Práctica policial” en la Escuela de Policía publicó tres libros que tuvieron una excelente acogida entre el público: “La lucha contra la delincuencia” en 1953, casi un manual de las cosas que debe conocer un policía, “Dedos de seda” (1954), una novela policiaca y finalmente, “Las memorias del Comisario Poveda” (1956) donde detalla algunas de sus intervenciones policiales durante su carrera profesional. 

Obras escritas por el Comisario Pral. Eugenio Benito Poveda (col. Antonio Rodríguez Alonso)

EUGENIO BENITO POVEDA: POLICIA 

Nace Eugenio Benito Poveda el 15 de noviembre de 1889, “hijo de unos padres modestísimos y formando parte de una familia numerosa […] me vi precisado a luchar mucho, pasando no pocas fatigas, lo que me honra y enorgullece”[1]. De sus primeras andanzas poco hemos podido averiguar, pero sabemos que en 1914, con 25 años de edad, cuando trabaja en labores administrativas en la compañía de seguros “EL Fénix Agrícola” decide dar un cambio en su vida y presentarse a unas oposiciones convocadas para el ingreso en el Cuerpo de Vigilancia, que era la denominación que en ese momento recibía la Policía Gubernativa. 

Tras un primer tropezón, ya que la primera vez que se presentó quedó aprobado sin plaza, consiguió su objetivo en la siguiente convocatoria, siendo nombrado miembro del Cuerpo de Policía el 25 de agosto de 1916[2]

Sus primeros servicios, como en tantas ocasiones los policías novatos, fueron patrullas nocturnas donde tuvo que bregar con borrachos, camorristas, chulos, prostitutas y otros personajes del “lumpen” madrileño. 

Pero su objetivo estaba ya decidido. Como buen policía de “calle” quería dedicarse plenamente a la investigación de delitos contra las personas, a la captura de estafadores, falsificadores y resolver crímenes. Para ello había dos caminos en ese momento, uno de ellos era la Brigada de Investigación Criminal y la otra unidad era la Brigada Móvil. Finalmente consiguió su destino en la Brigada Móvil que dirigía en ese momento el prestigioso Comisario Enrique Maqueda del Castillo[3] “hombre experto, y de ininterrumpida y larga práctica y otras buenas cualidades que reunía, constituía una base firme para mandar a los 130 Agentes o más, que integraban la plantilla de aquella Dependencia”[4]

Dentro de esa Brigada Móvil existía un grupo, mandado por un policía mítico llamado Pedro Herráiz Carrero, posiblemente uno de los mejores policías “de calle” que ha servido en la Policía Española, que tenían libertad de acción para trabajar en toda España e investigar los delitos más graves y que tenían mayor entidad. Pertenecer a él se convirtió en el objetivo del todavía novato Eugenio Benito Poveda. 

Merece la pena detenernos un momento en la figura de Don Pedro Herráiz Carrero. Nace en Madrid el 28 de marzo de 1876[5], desconocemos cuando ingresa en el cuerpo de Policía, pero tras la reforma legislativa de la Policía Gubernativa de Madrid de septiembre de 1907 convalida su puesto por oposición, con el número 54 de 355, el 11 de enero de 1908, y consolida la categoría de Agente. Esta reforma fue importantísima para los miembros del Cuerpo ya que entre sus disposiciones figuraba que los aprobados por oposición no podían ser separados del servicio más que por expediente disciplinario y no, como ocurría con anterioridad, por “conveniencia del servicio” lo que daba garantías jurídicas y estabilidad a los funcionarios[6]

Comisario de 3ª desde enero de 1929 y de 2ª desde 30 enero 1932. De memoria y retentiva legendaria, era, según el propio Poveda, el “archivo mental de la Policía”[7], conocía, y según parece no es ninguna exageración, a todos los delincuentes contra la propiedad que actuaban en España, su sola presencia pasaba “…de boca en boca como fugaz exhalación corrían “la triste nueva” para los maleantes y delincuentes […] que apresurabanse a huir en desbandada en el primer tren, por carretera o atravesando campos, setos y vallados para quitarse del alcance de su presa. La voz populi entre la gente del mal volaba como el viento. “¡Que está aquí don Pedro! ¡Me “aligero” porque ha venido don Pedro! ¡Don Pedro nos “musega” (conoce), salgamos por pies[8]”. En un reportaje de la Revista Blanco y Negro sobre la delincuencia de Madrid se decía de él “el comisario Herráiz es un policía de vocación, que conoce a todos los ladrones de España, sin excepción de uno solo[9]”. 

Otro gran Policía-Escritor, Antonio Viqueira Hinojosa en su libro “Historia de la Policía Española 1931-1936” dice sobre el Comisario Pedro Herráiz: “Herráiz poseía sorprendentes cualidades para su trabajo, merced a su portentosa memoria y retentiva visual sobre los malhechores, cuyas personalidades delictivas guarda en aquella como un auténtico archivo humano, lo cual le otorgó especial facilidad para sus investigaciones. Su mejor colaborador fue el agente Eugenio Benito Poveda…”[10]

Fue además, durante muchos años Profesor en la Escuela de Policía en la asignatura de “Prácticas de Policía”, auxiliado como profesor ayudante, precisamente por Eugenio Benito Poveda, que se hizo cargo de esa asignatura tras la jubilación de Pedro Herráiz en 1936, y que continúo dando hasta su retiro en 1951. 

Comisario Enrique Maqueda del Castillo, Jefe d ela Brigada Móvil cuando ingresó en ella Eugenio Benito Poveda (col.  Antonio Rodríguez Alonso)

Comisario Pedro Herráiz Carrero, jefe del Grupo Especial de la Brigada Móvil (col. Antonio Rodríguez Alonso)
Tras conseguir ser destinado a ese “grupo especial” dirigido por el entonces Inspector Pedro Herráiz se convirtió, tras correr durante más de dos años tras los ladrones en uno de “los galgos de Don Pedro”, que así fue como los maleantes madrileños denominaron a Eugenio Benito Poveda y a su compañero de esa época, otro excelente policía llamado Fabriciano Fernández Quevedo. 

El 11 abril de 1924 se produjo un sonado robo con homicidio en el coche-correo del tren expreso que hacía la ruta Madrid-Andalucía que fue denominado por los medios de comunicación como “El crimen del expreso de Andalucía”. Durante la noche cuando el citado tren llegó a la estación de Córdoba se descubrió que los dos oficiales de correos que trabajaban en ese coche-correo, Don Santos Lozano León, de cuarenta y cinco años, y Don Ángel Ors Pérez, de treinta, habían sido asesinados y parte de los fondos que custodiaban robados. 

Inmediatamente la Policía comenzó las gestiones para resolver el delito e investigó múltiples pistas. Una de ellas señalaba a un chófer que había alquilado para ir a Alcázar de San Juan y regresar esa misma noche a Madrid llevando a varios pasajeros. 

Esa línea de investigación fue encargada a Eugenio Benito Poveda, que junto con otros compañeros de la Brigada Móvil, y bajo la dirección de otro policía excelente “D. Santiago Martín Báguena (q.e.p.d.)[11], Comisario excepcional y que por sus conocimientos y dominio de la función policial era un eminente catedrático de Policía”[12] invitaron al chófer a que les llevara al sitio justo donde se bajaron sus viajeros, pero a hacerlo a la misma hora que sucedieron los hechos, es decir, a las 6 de la mañana del 12 de abril. 

Se personaron pues todos los policías a las 6 de la mañana en la Plaza de Embajadores, junto a la escuela de Veterinaria, e interrogaron al chófer por la dirección que tomaron los viajeros manifestando éste que dos de ellos subieron por la calle Embajadores, portando un maletín y los otros dos anduvieron en dirección a la Ronda de Atocha. 

Fotografía de Santiago Martín Báguenas en 1935, acompañado de sus hijos, publicada en el diario "Ahora" de Madrid el 3 de diciembre de 1935 (col. Antonio Alonso Rodríguez)

El Comisario Báguena, ordenó a Benito Poveda y a otro compañero que subieran por la calle Embajadores e interrogaran a todas las personas que transitaran por esa calle y a esa hora por si repararon en unos individuos “no habituales” en la zona y que portaran un maletín. Preguntaron a panaderos, obreros que a tan temprana hora se dirigían a sus puestos de trabajo hasta que llegaron al puesto de un churrero que por fortuna sí había reparado en ellos y que les había visto subir la calle hasta, al menos, la Iglesia de San Cayetano. Ahí vieron al sereno de la zona, que en esos momentos ya se retiraba al haber acabado su servicio y que le llamó la atención ver a dos sujetos, donde uno de ellos, el más alto, llevaba un maletín en la mano y les indicó que habían cogido la calle Fray Ceferino González. Y así continuaron, hasta que finalmente se perdió su pista en la calle La Ruda dirección calle Toledo, último punto donde alguien reparó en esos individuos. 

Gracias a esta investigación “de zapatilla” como se diría ahora, callejera e ingeniosamente realizada, siguiendo las instrucciones del Comisario Báguena a las mismas horas por las que pasaron los sospechosos, al día siguiente se centró la investigación en los distritos próximos a la calle La Ruda y Toledo, es decir, los distritos de Inclusa y Latina, investigación que resultó fructífera al entrevistar dos agentes a la portera de la finca situada en la calle Toledo 105, junto a la Fuentecilla, y que había reparado en que un par de hombres, uno de ellos con un maletín, y que no eran inquilinos de la finca, había entrado en el edificio a las 7 de la mañana y habían subido a la casa de un individuo que era conocido como “Teruel”. 

Tras varias gestiones se identifica al inquilino como Antonio Teruel. Éste, al verse acosado por la policía, prefiere suicidarse antes que ser detenido. Poco después son capturados sus cómplices, y tras un rápido juicio sumarísimo, José María Sánchez Navarrete, Francisco de Dios Piqueras y Honorio Sánchez Molina son condenados a la pena de muerte y ajusticiados por Garrote Vil. Otro de los cómplices, José Donday, que fue la persona que contrato el taxi para ir a buscar a sus compañeros en Alcázar de San Juan, condenado a 20 años de prisión. 

Así continúa su carrera Eugenio Benito Poveda, aprendiendo de los mejores policías de ese momento, como por ejemplo Enrique Maqueda del Castillo, Santiago Martín Báguena, Ricardo Castro Peinó o Pedro Herráiz Carrero, participando en la resolución de numerosos delitos y forjándose una merecida fama de excelente policía “de calle”. 

Numerosas son las referencias en la prensa de la época sobre su trabajo. Detención de timadores, estafadores, delincuentes contra la propiedad, en muchas de las ocasiones trabajando infiltrado o de incógnito disfrazado, por ejemplo, de camarero, taxista, vendedor de quincalla o tratante de ganado, donde, tras cinco meses de investigación, consiguió ganarse la confianza de varias personas de ese gremio que le permitió resolver un homicidio cometido en un pequeño pueblo de la provincia de Guadalajara llamado Puebla de Valles. 

Mucha repercusión mediática tuvo la detención de una red en diciembre de 1927 conocida como “la banda de los 20”, una organización que se dedicaba a falsificar cartas de crédito así como los manifiestos de carga de los vagones de ferrocarril y posteriormente proceder a la sustracción de vagones completos de mercancía. Esta banda operaba en Valencia y Barcelona y Eugenio Benito Poveda fue encargado directamente por el jefe de su unidad, el Comisario Ricardo Castro Peinó para el esclarecimiento de los hechos. Tras unas primeras investigaciones, consiguió identificar a uno de los jefes de la banda en Valencia, el conocido como “El nano del calcetín”, y tirando de él, al resto de sus cómplices, que llegaba al número de veinte. Se recuperaron gran cantidad de efectos sustraídos, los útiles para la falsificación, numerosos documentos y cheques ya falsificados y preparados para su puesta en circulación y armas y sus municiones. 

Además, cosa nada fácil, se consiguió detener al principal falsificador que trabajaba para la “banda de los 20”. Se trataba nada más y nada menos que de Mariano Conde Casado, un anciano de 84 años en ese momento, pero que había sido considerado como el mejor falsificador del sigo XIX y XX, involucrado en falsificaciones y estafas en España, Argentina y Estados Unidos. Fue muy famosa la realizada en 1901 y conocida como “La causa del Cantinero” donde Mariano Conde falsificó cartas, órdenes de pago y letras bancarias consiguiendo un nada despreciable botín de 1.000.000 de reales (unas 250.000 pesetas de la época), estafa que, pese a las numerosas pruebas en su contra, quedó impune ya que el jurado popular que enjuicio la causa le declaró no culpable del delito de estafa y falsificación. En el momento de la detención se encontraba ingresado en la prisión de Barcelona cumpliendo condena por estafa, donde desde esa institución, como ya había hecho en anteriores ocasiones, realizaba las falsificaciones que eran llevadas al exterior por alguno de sus cómplices. 

En una entrevista realizada por el Heraldo de Madrid[13] a un miembro de la Dirección General de Seguridad, tal vez al mismo Eugenio Benito Poveda, en relación a la detención de Mariano Conde, relata varias anécdotas sobre la calidad de sus falsificaciones, entre ellas como consiguió la libertad de un amigo suyo, encerrado en prisión, falsificando de arriba abajo un auto de libertad supuestamente firmado por el Juez Instructor o como, cuando ya había prescrito el delito cometido en el asunto del “Cantinero”, alardeaba delante de un Juez que le estaba interrogando “que había estado implicado activísimamente en el famoso timo de “El Cantinero”. 

El caso es que esta última detención le mantuvo en prisión hasta su muerte, que se produjo en 13 octubre de 1928 cuando pasaba de los 84 años de edad. Con ese buenismo tan estúpido que algunos medios de comunicación mantenían (y mantienen[14]) sobre los llamados “ladrones de guante blanco” numerosos periódicos de la época se dedicaron a relatar, en tono de admiración, algunas de sus numerosas fechorías, olvidando, incluso ridiculizando, a sus inocentes víctimas. Se llega a decir en alguna de las publicaciones que “fue un personaje admirable por su extraordinaria habilidad caligráfica y por la simpatía personal que inspiraba, aun dentro de la delincuencia en que vivió casi siempre”[15] o que “hasta la hora de morir ha sido un galanteador de mujeres”[16]. El caso es que tal vez la mejor reseña necrológica sobre ese delincuente, que empezó su carrera delictiva, por lo que hemos podido averiguar, en 1870, la escribiera el propio Eugenio Benito Poveda en su libro: “El único que no compareció en el acto del juicio [se refiere al juicio de la “banda de los 20”], fue el falsificador de celebridad internacional Mariano Conde. Creo recordar, decíase había fallecido en la Prisión Provincial de Madrid. Si es así, (q.e.p.d.), para bien de la Patria y de su tranquilidad eterna. ¡Dios le haya perdonado!”[17]

Miembros Primera Brigada de la División de Investigación Criminal el 7 de diciembre de 1931, fotografía publicada en la Revista “Los grandes sucesos” 18/12/1931 y descargada de la web “La biblioteca fantasma: reseña de libros viejos”[18]

En primera fila, de izquierda a derecha, Comisarios Antonio Lino Pérez González, Pedro Aparicio de Cuenca (asesinado durante la Guerra Civil) y Pedro Herráiz Carrero. Atrás de pie, segundo por la derecha, tras Pedro Herráiz, Eugenio Benito Poveda. De pie, el primero por la izquierda, el Agente de 1ª Rafael Rodríguez Ruiz, secretario general de la División de Investigación (asesinado por el Frente Popular).

Diversas reorganizaciones internas en la Policía, le llevan a pasar a la Brigada Móvil de Ferrocarriles y finalmente a la Primera Brigada de la División de Investigación Criminal, que tenía su sede en la calle Víctor Hugo de Madrid. En esas unidades, bajo las ordenes de excelentes mandos policiales como Pedro Aparicio de Cuenca, Santiago Martín Báguena (ambos asesinados por el Frente Popular), Gabriel Araque Cobos o Antonio Lino Pérez González, el célebre Comisario Lino y junto a excelentes policías como Fabriciano Fernández Quevedo, Marcelino de la Gándara Fraile, Rafael Fernández Ruiz (asesinado en Paracuellos del Jarama), Basilio del Valle Montero, Justino Arenillas Caballero, Gregorio Sánchez Isasia, Manuel Arrojo López (asesinado durante la Guerra Civil) y un largo etcétera, participa en la investigación de todos los delitos importantes que se cometen en España. Está presente en la investigación y detención de Ricardo Fernández Sánchez, alias “Ricardito” autor del macabro crimen cometido sobre Pablo Casado de las Navas, cuyo cuerpo descuartizado y decapitado apareció en una caja en la estación de ferrocarril de Mediodía; también en el conocido crimen de “La encajera de Carabanchel” o la detención de los autores del sangriento atraco cometido por siete individuos, en plena Plaza de la Villa, a la furgoneta que llevaba el dinero con la nómina de los empleados del Ayuntamiento de Madrid y que costó la vida del empleado municipal Don Álvaro Fernández Canelo, alcanzado con cuatro balazos en el vientre y otro más en la región lumbar y heridas a otros dos. El infortunado Álvaro Fernández era en realidad barrendero municipal, pero ayudaba en el traslado de fondos para tener un pequeño sobresueldo. 


Portada del diario “Ahora” (Madrid) 18-12-1935 donde se observa a Eugenio Benito Poveda tras el dinero recuperado al detener a los autores del robo de las nóminas de los empleados del Ayuntamiento de Madrid y del asesinato de Don Álvaro Fernández Canelo, empleado del mismo. 

Su historial profesional se fue ampliando además con la resolución de delitos menos graves, estafas, falsificaciones de monedas o de entradas a espectáculos deportivos. 


Fotografía publicada en el diario Ahora (Madrid) 21-3-1934. En el centro, en primera línea, Eugenio Benito Poveda. A la derecha en la foto, con la mano dentro del abrigo, el Comisario Pedro Herráiz Carrero, maestro de Policías, y a la izquierda, el Inspector Manuel Arrojo López (asesinado por el Frente Popular durante la Guerra Civil). 

La guerra civil le sorprendió en Madrid, y fue declarado cesante por el Gobierno del Frente Popular, lo que normalmente llevaba anejo la detención del cesado y su más que probable asesinato en una cuneta. No hemos podido averiguar las vicisitudes de Eugenio Benito Poveda durante la guerra, pero al acabar el conflicto, fue confirmado en su cargo de funcionario de Policía y ascendido a la categoría de Inspector de 2ª clase[19]



Fotografía publicada en el diario “Ahora” (Madrid) 7-4-1936, un par de meses antes de la Guerra Civil, realizada tras el homenaje al Comisario Pedro Herráiz por su jubilación. Éste, sentado entre los Comisarios Aparicio y Lino (ambos con sombrero en la foto) tiene justo detrás a Eugenio Benito Poveda. En la fotografía aparecen la mayoría de los miembros de la División de Investigación Criminal de Madrid. Muchos de ellos fueron asesinados durante la Guerra Civil, como por ejemplo, el Comisario Santiago Martín Báguena, que se ve, sentado, en primera fila. 

Al año siguiente, con antigüedad de 1 de Julio de 1941 es ascendido a la categoría de Comisario, pasando a mandar la mítica Brigada de Investigación Criminal de Madrid desde 1944 hasta 1951, fecha de su jubilación. 

Durante ese tiempo comanda todas las investigaciones relevantes de las que se ocupa esa Brigada: Falsificadores de moneda (en 1944 es recompensado por el banco de España con 2000 pesetas de la época por la detención de unos falsificadores de billetes, premio que dona al Montepío del Cuerpo), bandas de atracadores, homicidios, como por ejemplo el conocido como el crimen de la “Carretera de Castilla” o “Crimen de la Fuente de la Teja” donde trabajó en estrecha colaboración con otro gran Policía-Escritor Tomás Gil Llamas Jefe de la BIC de Barcelona, resolviendo el homicidio cometido sobre la desafortunada Felisa Uña que había sido localizada en la Fuente de la Teja, en la Carretera de Castilla, con el cuerpo lleno de puñaladas. 


Noticia aparecido en La Vanguardia Española (Barcelona) el día 20/7/1948 

También dirige la desarticulación de varias bandas de atracadores, que maquillaban su criminal actividad delictiva con un supuesto activismo político. Así, en 1942 participa en la desarticulación de la banda dirigida por Manuel Campillo Gómez, que tenía en su haber, además de varios atracos, el asesinato del Policía Municipal Don Antonio de Diego Gutiérrez; en 1946 la detención de José Isasa Olaizola, alias Fermín y de José Antonio Llerandi Segura, alias Julián así como a otros de sus cómplices que había cometido, entre otros muchos delitos, el asesinato de Don Manuel Catalán Marco y de Don Julián Muguerza, empleados de la empresa Construcciones Huarte y Cia que trasladaban el dinero de las nóminas de los empleados, cuando fueron atracados en las cercanías del estadio de Fútbol del Real Madrid. 

En diciembre de 1946 es recompensado con una de las más importantes distinciones policiales, la Medalla de Plata del Mérito Policial. En la orden de su concesión se dice que el “…señor Benito Poveda, en el que se comprueba que bajo su dirección y debido a su preparación profesional, dotes de mando, celo, voluntad incansable y entusiasmo policial, se han llevado a la práctica por la Brigada que dirige, servicios que han obtenido brillante éxito y relieve extraordinario, en relación con el orden público…”[20]. En el acto de imposición de la condecoración, el Director General de Seguridad, Francisco Rodríguez Martínez, pone de manifiesto que el Comisario Poveda tenía en su haber más de 150 felicitaciones públicas y premios “…destacando sus excepcionales dotes de afabilidad, hombría de bien, valor personal, competencia y, sobre todo, vocación”[21]

En 1947 dirige la operación que acaba con un grupo criminal, en realidad una macro-operación como se diría ahora, por el número de detenidos totales, más de 150, que entre sus “hazañas” se encontraba el asesinato, a traición, de un sereno en la calle Jaén el día 5 de febrero de 1947, de dos Guardias Civiles en la localidad de Cabanillas de la Sierra en noviembre de 1946, cuando fueron sorprendidos por ellos transportando más de 100 kilos de explosivos, y otros dos miembros de la Benemérita en la calle Batalla del Salado el 20 de enero de 1947, además de la colocación de varios artefactos explosivos en la embajada de Argentina y en las escaleras de la Brigada de Investigación Criminal, así como de numerosos atracos en las provincias de Madrid, Toledo y Ávila. 

Siempre tuvo a lo largo de su carrera profesional muy buena relación con la prensa, y prueba de ello fue su relación con los periodistas llamados “de sucesos”, y entre ellos destaca su relación con Margarita Landi a la que “fichó” para la Brigada Criminal con el seudónimo de “Subinspector Pedrito” bajo la supervisión de otro gran Policía-Escritor, del que hablaremos en otra entrega, Antonio Viqueira Hinojosa. 

Nombrado Comisario Principal de Cuerpo General de Policía con antigüedad de 1 de enero de 1951, pasa a situación de jubilado al cumplir la edad reglamentaria el 15 de noviembre de ese mismo año, aunque continua con su actividad de docente y de asesoramiento a la policía durante varios años más. 

En enero de 1952 es condecorado, por sus muchos servicios a España, con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil. 

Una vez jubilado, ocupa su tiempo impartiendo clases de “Práctica Policial” en la Escuela de Policía y a escribir los libros que publicó entre 1953 y 1956. 

Muere en su casa, en la calle Ríos Rosas número 6, el día 13 de septiembre de 1963. 


Necrológica de Eugenio Benito Poveda aparecida en el diario ABC del 14/9/1963 

EUGENIO BENITO POVEDA: ESCRITOR 

Su primera obra publicada se trata de un libro de texto de la asignatura que impartía en el Escuela General de Policía titulado “Apuntes de práctica de Policía” editado en 1943 por la propia escuela para uso de los alumnos. Está dividido en 22 lecciones que van de consideraciones sobre el objetivo de la asignatura hasta una descripción los distintos “modus operandi” de los delincuentes contra la propiedad, pasando por consejos para realizar un atestado, la forma de hacer una vigilancia o la mejor manera de realizar los interrogatorios. Además de los temas teóricos estos apuntes están iluminados con intervenciones reales que sirven de ejemplo. Un libro de texto ameno, que seguro fue muy útil a los futuros policías que estaban en la Escuela. 

Ya jubilado publica su segundo libro en 1953 y tiene el sugerente título de “La Lucha contra la delincuencia”. Su portada, además del dibujo realizado por otro policía, Antonio López-Alberca Moreno, muestra un índice con el contenido del libro. Tiene como objetivo según el autor el “…prevenir a las personas honradas para que extremen los cuidados que han de tener en cuenta para no ser víctimas de la granujería existente, que vive y está al acecho constante de incautos…”[22]

Portada de "La lucha contra la delincuencia" (col. Antonio Rodríguez Alonso)

Está dividido en dos partes. La primera, como el mismo dice en su prólogo, “…de utilidad profesional, exponemos algunos de los más elementales conocimientos y cualidades que debe poseer el bisoño policía para actuar profesionalmente”[23] y en la segunda se extiende en la descripción de los distintos “modus operandi” de los delincuentes habituales contra la propiedad. Ahí se describen los métodos en que se valen timadores, carteristas (en sus distintas habilidades: tomadores del dos, piqueros, bolsilleros, etc.), descuideros, renguistas o trullistas, espadistas, topistas, quinadores, sirlistas, atracadores y un largo etcétera de maleantes amigos de lo ajeno para apropiarse de los bienes de los demás. 

Escrito con una prosa muy amena está regado de anécdotas y vivencias del propio Eugenio Benito Poveda a lo largo de su carrera profesional. Es sin duda un libro muy didáctico aún en la actualidad. De hecho, en el libro editado por La Felguera Editores en 2018 que lleva como título “Fuera de la Ley tomo 3”, son usados literalmente capítulos enteros de este libro para ilustrar la “España Negra” de la postguerra. 

Su siguiente libro, publicado en 1954, es una novela policiaca que lleva el título de “Dedos de seda. Delincuente internacional”, donde describe un supuesto suceso del que se vale para narrar el eficaz funcionamiento de la Policía Española. Una pareja de delincuentes se sirve de un engaño para hacerse con una partida de diamantes de una joyería francesa y posteriormente se refugian en San Sebastián donde los agentes de policías, tras arduas investigaciones, desenmascaran a los delincuentes y recuperan lo robado. 

Portada de "Dedos de Seda" (col. Antonio Alonso Rodríguez)

Por último, en 1956 publica sus memorias “animado por compañeros y amigos” que se edita con el título “Memorias del Comisario Poveda, ex jefe de la B.I.C.”. En este libro hace un repaso a algunas de las intervenciones y sucesos en los que trabajó a lo largo de su carrera, “no como literato sino como modesto narrador”[24]

Portada de "Memorias" (col. Antonio Alonso Rodríguez)



Dedicatoria manuscrita de Eugenio Benito Poveda al yerno del Comisario Pedro Herráiz, Manuel Guerra Mateos, que lleva escrito el ejemplar de las Memorias del Comisario Poveda que poseemos. 

Aunque en la portada aparece “Tomo 1º” no tenemos conocimiento que se publicara un segundo volumen. Lo que sí sabemos es que antes de su muerte tenía previsto la publicación de otra novela titulada “¿Gánster en Madrid?” que quedo inédita. 

En definitiva, el Comisario P. Eugenio Benito Poveda fue un excelente Policía, incansable perseguidor de delincuentes que realizó toda su carrera profesional en labores operativas. Tuvo la fortuna, como el mismo dice en sus memorias, de tener como profesores los mejores investigadores de su época y trasladó estos conocimientos, a su vez, a varias generaciones de agentes en sus clases en la Escuela de Policía. Además es uno de los pocos policías “de calle”, junto con Tomás Gil Llamas, que ha publicado memorias sobre su actividad profesional. 

Nuestra siguiente entrega veremos la figura de otro Comisario de Policía, Félix Martínez Orejón, más conocido como Fel Marty uno de los principales autores de la “literatura popular y de quiosco” de los años 60.

Antonio Alonso Rodríguez,
(Vocal de la Orden de la Placa y el Mérito de Estudios Históricos de la Policía Española)

Notas

[1] BENITO POVEDA, Eugenio (1956). Memorias del Comisario Poveda, página 10 
[2] Hemos conseguido la fecha de ingreso en el Escalafón del Cuerpo General de Policía del año 1946 (Suplemento al BOE número 221 de 30/07/1946) 
[3] Enrique Maqueda del Castillo nació en Málaga el 29 de septiembre de 1873, ingresó en la Policía en 1898. Entre sus muchas investigaciones destaca la detención de los autores del atentado al Presidente del Gobierno Eduardo Dato, en 1921. Alcanzó el Grado de Comisario General del Cuerpo de Investigación y Vigilancia en 1930, cargo que desempeñó hasta 1933. 
[4] BENITO POVEDA, Eugenio (1956). Memorias del Comisario Poveda, página 51 
[5] Escalafón del Cuerpo de Vigilancia de 29/5/1908 
[6] Gazeta de Madrid número 254 de 11/9/1907. 
[7] BENITO POVEDA, Eugenio (1956). Memorias del Comisario Poveda, página 55 
[8] Idem, página 56 
[9] Revista Blanco y Negro (Madrid) de 31/7/1932, página 57. 
[10] VIQUEIRA HINOJOSA, Antonio. Historia de la Policía Española 1931-1936. Edición coleccionable de 44 fascículos editados por la Revista Policía, divididos en 2 tomos, durante 6 años (1993-1999), página 140 del tomo II. 
[11] En este enlace de la página web “Una historia de la Policía Nacional” se pueden leer las circunstancias de su asesinato el 22 de agosto de 1936, https://cnpjefb.blogspot.com/2020/04/el-asesinato-del-comisario-santiago.html 
[12] BENITO POVEDA, Eugenio (1956). Memorias del Comisario Poveda, página 96 
[13] El Heraldo de Madrid (Madrid) 9/12/1927, página 16 
[14] Noticia firmada en ABC por Mónica Arrizabalaga el 8/4/2020. https://www.abc.es/archivo/abci-mariano-conde-mas-habil-falsificador-espanol-hace-siglo-202004080145_noticia.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.abc.es%2F 
[15] La Voz (Madrid). 15/10/1928, página 6 
[16] El Imparcial(Madrid) 14/10/1928, página 8 
[17] BENITO POVEDA, Eugenio (1956). Memorias del Comisario Poveda, página 183 
[18] https://bremaneur.wordpress.com/2008/12/10/desmemoria-de-atadell-paracuellos-y-amor-nuno-iii/ 
[19] BOE número 21 de 21/01/1940 
[20] BOE número 357 de 26/12/1946 
[21] La Vanguardia Española (Barcelona) 2/1/1947 
[22] BENITO POVEDA, Eugenio (1953). La lucha contra la delincuencia, página 5. 
[23] Idem, página 8. 
[24] BENITO POVEDA, Eugenio (1956). Memorias del Comisario Poveda, página 8.

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