No nos llega con ser los únicos de entre nuestros socios en tener al lumpen
comunista en las filas del gobierno; tampoco nos llega con tener el dudoso
honor de estar en el pódium entre los países más corruptos de Europa; ni
siquiera con el triste hecho de que aquí, cada día, nos despertemos con un caso
nuevo de corruptela que, generalmente, supera al anterior. Tampoco protestamos
porque, este gobierno miserable, se apoye en todos los enemigos de España, incluidos
los filoetarras, para seguir llevándonos a la ruina. Pues bien, no llegando con
todo eso, ahora estamos quedando como unos cobardes ante los ojos de nuestros
teóricos aliados.
Ahora, la historia se repite nuevamente con nuestra postura con relación a
lo que está sucediendo en Oriente Medio, aunque lo grave no es el hecho de no
querer sumarnos a esta escalada bélica; lo realmente grave es tener que
soportar las amenazas del Embajador iraní, representante de un Estado criminal
y asesino, quien poco menos que nos advierte de que sufriremos las
consecuencias caso de apoyar, de cualquier forma, a sus enemigos que, por cierto,
son nuestros aliados.
Eso, y esas palabras de una nariguda prepotente y miserable que se ve crecidita
y pretende erigirse en no sé qué, ahora que los suyos le han comenzado a dar la
patada de Charlot y busca, de forma desesperada, un puesto para seguir estrenando
modelitos y durmiendo en hoteles de 5 estrellas y no tener que retornar a la
ropa zarrapastrosa de antes y a dormir en pensiones de mala muerte.
Por supuesto, nadie con sentido común desea la guerra; sin embargo, no deja
de ser menos cierto que hay sistemas de gobierno criminales que se hace
necesario, y constituye un deber moral, borrar de la faz de la tierra, y el
iraní es uno de ellos.
Hay que tener en cuenta que, tras esa postura, la de siempre, de la
izquierda y ultraizquierda, sacando la cara por un régimen que no respeta los
derechos de las mujeres ni tampoco otros que constituyen, teóricamente, para
ellos, bandera de sus reivindicaciones, se oculta otra finalidad mucho más
oscura y miserable: la de la pura y dura financiación de sus partidos que reciben
importantes subvenciones de esos regímenes del terror, con la finalidad de
desestabilizar a las sociedades occidentales y desarmar ideológicamente a las
nuevas generaciones, convirtiéndolas en mucho más manejables.
Sin duda, una buena parte de los socios a los que nos hemos arrimado,
debido a nuestra privilegiada situación geoestratégica, no merecen tenernos
como tal; sin embargo, son con los que hemos firmado tratados de defensa común
y eso exige el estricto cumplimiento de nuestras obligaciones.
Tener que soportar que un tipejo de la catadura de este Embajador iraní nos
amenace en nuestra propia casa tiene delito. Sabemos que el gobierno al que
representa, criminal donde los haya, es el soporte y sustento de la mayoría de
los grupos terroristas de filiación islámica que operan en el mundo y cuyas
consecuencias tuvimos que sufrir en nuestra propia carne; sin embargo, no
caigamos en el error de creer que esta postura cobarde, adoptada por el
sátrapa, nos inmuniza ante un potencial ataque; antes bien, todo lo contrario,
ya que, los cobardes, son los primeros en caer.
Al actual gobierno de España, desgobierno diría yo, lo secunda todo el
lumpen mundial. Primero fueron aquellos asesinos de Hamás y ahora, recibimos el
agradecimiento del poder iraní, el más criminal y sanguinario del mundo, que nos
agradece que demos la espalda a nuestros aliados y, de una forma descarada, nos
alineemos con sus posturas totalitarias. Es, salvando las distancias de
espacio, el mismo agradecimiento que reciben, traducido en votos, de los
canallas filoetarras, su más fiel aliado.
Ya lo vimos, el otro día, en ese siniestro aquelarre anual de los de la
ceja, dónde no hubo ni una sola frase en defensa del pueblo iraní, ni una sola
palabra de protesta por los miles de asesinatos cometidos por ese régimen criminal.
Tampoco los escuchamos poner voz en grito para exigir libertad para esas mujeres
que anhelan liberarse del omnímodo poder masculino y arrancarse los velos que
las hacen invisibles y así disfrutar de los mismos privilegios que los hombres.
No hemos visto, como en otros casos, a toda esta miserable podredumbre de
la siniestra -los comunistoides de salón, los sociatas, la podemía, los
filoterroristas, etc.-, tan feministas como pretenden mostrarse, salir a las
calles para exigir que en Irán se respeten todos los derechos. Tampoco hemos
visto que en la Universidad se alcen banderas iraníes, exigiendo el fin de las
matanzas. De igual modo, tampoco hemos visto organizar flotillas “solidarias”,
ni cortar pruebas deportivas, reivindicando la libertad y condenando los recientes
asesinatos cometidos por la policía de los ayatolás en las calles de Irán; ¿por
qué será?, ¿tendrán algo que ver las cuantiosas subvenciones que recibieron para
formar partidos, pagar cadenas de televisión, etc.?
Por cierto, volviendo al aquelarre de los de la ceja, ¿quién se cree que es
aquella gilipollas que se permitió el lujo de insultar a los católicos? No
tiene lo que hay que tener para ofender a otra religión pues conoce las
consecuencias que pueden devenir, y lo hace, precisamente, con la que sabe que,
la ofensa, le va a salir gratis. ¡Valiente!
Mucho ojo con que, este gobierno de descerebrados y corruptos, haga que el
resto del mundo occidental nos dé la espalda, como empieza a hacerlo, al considerarnos
una suerte de enemigo en potencia, ya que, entonces, estaremos solos y lo que
es peor, indefensos. Ya veremos que pasa cuando el moro traidor pretenda entrar
en Ceuta, Melilla o Canarias, ¿van a defendernos todos esos populistas de la podemía, los filoterroristas o los golpistas catalufos? Mucho me temo que agarrarán la maleta y escaparán como ratas que
es lo que son.
Ignoro si los que consideramos nuestros aliados vendrían ayudarnos en el
hipotético caso de un enfrentamiento con el moro; aunque lo que si es seguro que
todo el lumpen ese, al que últimamente nos arrimamos, no vendría, salvo que hipotecásemos,
para siempre, nuestra libertad.
Es intolerable ver la catadura de los países con los que nos identificamos
a lo largo de los últimos años, la mayoría de ellos dictaduras y, cuando no,
narcodictaduras, lo que nos convierte en un peligro potencial para el resto de
Europa y todo para que un tipo deleznable siga al frente del gobierno, sin importarle
el más que negro futuro que le espera a España.
Qué triste es ver como un pueblo valeroso como el nuestro; un pueblo que, a
lo largo de la historia, fue capaz de ponerse el mundo por montera, tenga que
soportar ahora, por la ambición de un sátrapa corrupto y miserable, cuyo único
objetivo es seguir en la poltrona, que un payaso -con perdón para los que ejercen
tan digna profesión- se permita el lujo de insultarnos y amenazarnos en nuestra
propia cara y en nuestra propia casa.
Si aquí hubiera lo que hay que tener, que no lo hay, ese embajador canalla
estaría ya de patitas en la calle, camino de su casa.
Y si España quiere sobrevivir, es necesario que la mafia que nos desgobierna
se vaya para su casa que, en muchos casos, deberá ser la cárcel.
Eugenio Fernández Barallobre.
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