Del boletín "Emblema" de marzo, tomamos su editorial.
Todo lo que hemos conocido, en las últimas fechas, nos llena de indignación, mientras una sensación de vergüenza y bochorno nos invade; sin embargo, hay que afrontarlo de la mejor manera posible en la inteligencia de que, algún día no muy lejano, las aguas volverán a su cauce y el sol resplandecerá por encima de estos negros nubarrones que parece cubrirlo todo.
A cada paso nos quedan menos cosas que ver y menos corruptelas que conocer. La situación resulta insostenible, en tanto que España se va por el sumidero de la vergüenza y el deshonor con tal de que unos cuantos sigan aferrados a sus cargos, sin importarles las consecuencias que puedan derivar de tales acciones.
Todo lo que está sucediendo es fruto de la corrupción galopante que ahoga a nuestra querida España desde hace años.
No solo están destrozando España a su antojo, siguiendo las exigencias y los dictados, a cambio de sus votos, de esos cuya única obsesión es la de destruir nuestra Nación hasta sus propios cimientos; ahora dejan en la calle a los asesinos etarras para mantener los apoyos de los filoterroristas de Bildu, esos que homenajean a los criminales y los llevan en sus listas a las Instituciones.
El otro día supimos que la Consejera de Interior del Gobierno vasco, siguiendo las instrucciones derivadas de estos pactos aberrantes y con total desprecio a las víctimas, puso en la calle a uno de los asesinos más sanguinarios de nuestra historia reciente, el tal “Cheroqui”, que fuera jefe de la banda terrorista y criminal ETA, al que la Justicia condenó a 400 años de prisión, por la comisión de viles asesinatos de buenos españoles, siendo, en unos casos, el brazo ejecutor y, en otros, el que ordenó estos crímenes.
De poco ha servido que la Justicia lo condenase, ya que esta individua, indigna y miserable, siguiendo las instrucciones de arriba, dando así cumplimiento a lo pactado con los asesinos etarras y su genuina representación de Bildu, para mantener su apoyo, ha decidido que el canalla “Cheroqui”, y otros de su misma calaña, salga todos los días de la cárcel para “trabajar”.
Se trata de un individuo, un malnacido, un asesino convicto y confeso, que jamás ha mostrado arrepentimiento ni ha pedido perdón por los asesinatos cometidos y, sin embargo, ahí está para mofa y escarnio de las víctimas, alguna de ellas del mismo partido que representa esta perversa individua, que han visto como un criminal como este segaba para siempre la vida de uno de sus seres queridos.
También hemos sabido que este caso no ha sido el único y que, desde que se firmaran aquellos vergonzosos pactos para hacerse con el poder los que, realmente, habían perdido las elecciones de 2023, son muchos los terroristas que, sin cumplir las condenas impuestas, hoy pasean por las calles y toman chiquitos en las tabernas sin arrepentirse de los crímenes cometidos.
Y, sin embargo, aquí nadie dice nada, nadie levanta la voz para protestar por todo lo que está sucediendo, y decir a gritos ¡basta ya de tanta ignominia!, ¡basta ya de tanta corrupción!
Cada día, se están descubriendo cosas inauditas, hechos y situaciones imposibles de creer, que ponen de manifiesto que el deshonor y la indignidad ha calado en nuestra sociedad.
Ejemplos nos sobran, incluso alguno que nos ha afectado de forma directa y que, en los últimos días, para escarnio de todos, han llenado las portadas de todos los periódicos y cadenas televisivas.
Aquí, unos y otros, hacen lo que sea necesario con tal de mantener el carguito. De nada sirve que se esté derrumbando España, cayendo a pedazos; de nada sirve que se esté manchando el buen nombre de las Instituciones, ya que una buena parte de los que, de una u otra forma, podían poner coto a esta situación, prefieren mirar para otro lado y así poder asegurar la confortable poltrona que ocupan.
Los que amamos a España sentimos su dolor y su vergüenza y no cejaremos hasta que recupere el honor que le están sustrayendo.
Nosotros recordamos todos los días a nuestros compañeros de la Policía, de la Guardia Civil y de las Fuerzas Armadas, así como al resto de buenos españoles, que cayeron con un cobarde tiro en la nuca o con una bomba colocada en los bajos de su vehículo o al paso de un convoy. Jamás los olvidaremos por mucho tiempo que Dios nos dé de vida. Para ellos, nuestra oración y nuestro emocionado recuerdo.
Ni olvidamos ni perdonamos.
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