domingo, 15 de marzo de 2026

El 11 de marzo

Nuestro gran amigo y compañero el Inspector Jefe (R) Martín Turrado Vidal, el mayor referente de los historiadores de la Policía Nacional, nos remite estas interesantes reflexiones sobre la reunión, celebrada el pasado día 11 en Madrid, a la que tuvimos el honor de asistir.

Cuando salí de mi casa camino de la reunión a la que había sido convocado en la sede de la Fundación Policía Española, lo primero que me llamó la atención fue el buen tiempo del que íbamos a disfrutar. Me dio el pálpito de que iba a ser un buen día. Al mismo tiempo, me acordé de aquellos compañeros que venían de fuera de Madrid, Eugenio, Antonio e Iñigo. Seguramente, íbamos a poder disfrutar juntos y en buena compañía.

Foto de los asistentes a la reunión el pasado día 11 en la sede de la FPE

La reunión tenía por objeto juntarnos de nuevo a un grupo de historiadores que habíamos participado activamente en la preparación y realización del bicentenario recién celebrado de la Policía Nacional. Este grupo tenía una doble rama. Por un lado, estaba el integrado por el equipo de la vicedecana de la Universidad Complutense de Madrid, María Dolores Herrero y por otro, estábamos un grupo de seis historiadores agrupados en torno a la Subdirección General Técnica de la Dirección General de la Policía y de la Fundación. En realidad, lo que comenzó siendo doble, terminó unificándose, debido a los lazos de amistad que se fueron tejiendo a lo largo de estos tres años que ha durado nuestra colaboración.

Tanto la Subdirectora General del Gabinete Técnico como el Director de la Fundación expresaron el agradecimiento de ambas instituciones a nuestra labor que había resultado muy beneficiosa para todo el cuerpo y de cara al exterior, pues había reforzado el conocimiento de nuestra historia y contribuido a mejorar la imagen del Cuerpo. Esto era una verdad patente y manifiesta: tanto el Gabinete Técnico como la Fundación y el mismo Director General han tenido siempre con nosotros un trato exquisito, nos han ayudado y acogido nuestras propuestas siempre. Por nuestra parte, siempre hemos respondido con entusiasmo y sin regatear esfuerzos en todo lo que se nos ha pedido.

Esto lo puso de manifiesto en su intervención Lola, cuando afirmó que tanto ella como su equipo se habían sentido siempre a gusto por la acogida y apoyo que habían tenido para desarrollar su labor, sobre todo en la preparación y desarrollo de la exposición montada con motivo del bicentenario (y que fue todo un éxito).

Tuve la oportunidad de intervenir. Me irrogué de alguna manera la representación de la otra parte del grupo. Nosotros teníamos una razón muy poderosa para colaborar. Poner nuestros conocimientos a disposición del Cuerpo, al que le debíamos todo lo que habíamos logrado ser y todo lo que teníamos. Agradecí a la Universidad Complutense de Madrid poniendo de relieve su respaldo institucional y su protagonismo en eventos como los cursos de verano del Escorial y el I Congreso Internacional de Policía; a la Real Academia de la Historia, por su acogida en la presentación de un libro y al Director General por la defensa de nuestra institución.

Eugenio resumió a las mil maravillas lo que yo intentaba decir. Remedando la frase de Kennedy a los integrantes de esta parte del grupo nos llegó la hora de no pensar en lo que el Cuerpo podía hacer por nosotros, sino de lo que nosotros podíamos hacer por él. Esta es la forma de demostrar que queríamos devolverle parte de lo mucho que le debemos y le seguimos debiendo.

Siguió la entrega de unos regalos sorpresa que nos tenían preparados. Por una parte, la polvera con la Real Cédula de 1824 y el catálogo de la Exposición. A todos nos emocionó mucho recibirlos. Sabíamos que habían quedado muy bien, pero ni siquiera los habíamos visto. Ahora los teníamos en nuestras manos. De verdad, que merecen la pena ambos, porque desde la Fundación han hecho un gran esfuerzo para obtener este resultado tan excelente.

El acto se cerró con una comida La Vaguada. Fue una continuación de lo vivido en la sede de la Fundación. Pero allí, pudimos explayarnos sobre muchos temas.

Terminamos, volviendo unos al tren, los demás, a nuestras casas. Volví dándole vueltas al esplendido día vivido en unión de tantos amigos y amigas. Ha sido inolvidable. Lo bueno que presagiaba el día cuando salí de casa, se quedó corto. Jamás imaginé que pudiera ser tan excelente, a pesar de que había experimentado en muchas ocasiones anteriores la gran calidad de esta amistad.

Martín Turrado Vidal.

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