miércoles, 5 de enero de 2022

Terror en Barcelona. Bomba en el gran teatro de El Liceo

Del boletín "Emblema" de la Orden de la Placa y el Mérito, extraemos este interesante artículo de nuestro buen amigo y compañero, el Inspector Jefe Eloy Ramos Martínez.

Fue un acontecimiento terrorífico que centró la atención nacional y europea. Un atentado anarquista con bombas ocasionó veinte muertos y más de treinta heridos, dejando un recuerdo imborrable en la ciudad condal.

Antecedentes: El más próximo, y detonante de lo que ocurrió aquel 7 de noviembre de 1893, fue otro atentado ocurrido el 24 de septiembre del mismo año, día de la Merced, en el que un anarquista, Paulino Pallás Latorre intentó asesinar al general Arsenio Martínez Campos, principal artífice, junto con Cánovas del Castillo, en la restauración de la Monarquía en la persona de Alfonso XII, hijo de la depuesta Isabel II de Borbón.

Martínez Campos era capitán general de Cataluña y en la fecha indicada presidía un desfile militar. El anarquista Pallás le tiró dos bombas pero el general solo resultó herido leve, aunque hubo un muerto y 15 heridos graves. Paulino Pallás tiró su boina al aire al tiempo que gritaba ¡Viva la Anarquía! y no opuso resistencia al ser inmediatamente detenido. Al comunicársele la sentencia de muerte dijo: ¡Aprobado! Sería fusilado el 6 de octubre siguiente.

Este atentado inauguró la serie de ellos en la década. El último sería el perpetrado contra Cánovas en 1897.

Los hechos: El Gran Teatro del Liceo de Barcelona era el escaparate social de la burguesía. Los palcos eran propiedad de importantes familias y la platea era ocupada por otras de idéntico rango social. A medida que ascendían los pisos, los ocupantes eran de rango social inferior.

El día de los hechos se inauguraba la temporada de invierno de la Ópera y también el restaurante del local. El aforo estaba al completo, con unos 3.600 espectadores.

El autor de la masacre, tras haber estado paseando unas dos horas cerca del teatro, viendo cómo llegaban en carruajes, con sus mejores galas los espectadores, y, tras pagar la peseta que costaba la localidad y que le había dado su esposa, entró en el recinto por la puerta lateral que daba a la calle San Pedro y conducía directamente a las plantas cuarta y quinta, a la que se dirigió directamente. Iba vestido con un amplio blusón y transportaba en la faja dos bombas orsini. Allí esperó dos horas, y a las once en punto, en el segundo acto de "Guillermo Tell" arrojó una tras otra las dos bombas. La primera estalló al chocar con el respaldo de la butaca 24 de la fila 13 y la segunda cayó en la falda de la señora Cardellach que había muerto instantes antes con la explosión de la primera, y el artefacto quedó en el suelo sin explosionar, bajo la butaca 30.

En medio de la tremenda confusión, el autor, Santiago Salvador Franch, escapó tranquilamente y contempló las escenas subsiguientes desde la calle. Al día siguiente presenciaría los entierros desde la estatua de Colón.

El Liceo abrió en enero siguiente, solo para conciertos, y durante dos años no se usaron las butacas de los muertos. Las víctimas de la barbarie fueron Emilio Formiguera, Víctor Guillaume, Miguel Mayol, Dolores Torres, José Figueras, Consuelo Guardiola, Marta Giraudier, Mercedes Plaja, Basilia y Nieves Cardellach, Juan y Margarita Moreu, Flora Esteve, Benedetta Pellegrineschi, Sebastián Rius, Teófilo Roggembrod, Eduardo Delmás y Laura Demerino, además de dos hijas menores del matrimonio Guardiola Cardellach que resultaron heridas con otras 27 personas y murieron en días posteriores.

El autor: Santiago Salvador Franch nació en la localidad turolense de Castelserás en 1864. Era hijo de campesinos acomodados pero a los 13 años quiso matar a su padre, borracho empedernido y maltratador habitual de su madre. A los 16 se fue a Barcelona y allí estuvo unos tres años. Volvió a la ciudad condal y se afincó al casarse con la mallorquina Antonia Colom Viçens con la que tuvo 2 hijas. Se habían conocido cuando él trabajaba de criado y ella de camarera en la misma casa de una familia pudiente de Barcelona.

Trabajó traficando con vino y contrabandeó con la sal. Su mujer aceptaba todos los trabajos por duros que fuesen, para mantener el hogar de San Martín de Provensals, en el barrio extremo de la ciudad condal.

Estaba en contra del mundo: había purgado cuatro meses de prisión por un hurto que no había cometido en Aragón; había recibido una gran paliza por parte de las fuerzas de la guardia municipal de Valencia. Total, solo por dos comidas que no había pagado en la fonda donde vivía.

Frecuentaba los tugurios anarquistas, donde se hablaba de Bakunin, Kropotkin, etc y se fue formando un hombre violento. Él y Pallás habían sido compañeros en el contrabando de la sal y estando en Valencia leyó lo de la detención de aquél, y a su regreso a Barcelona decidió perpetrar el atentado del Liceo.

A través de su paisano y amigo, Cerezuela Subiés contactó con el grupo que proporcionaba las bombas Orsini a quien ofreciera garantías de no ser un chivato y las empleara bien. Consiguió dos, que llevó a su casa y le dijo a su mujer que las sacaría de allí pronto.

Dormía con una pistola y un cuchillo bajo la almohada.

La investigación: La Policía detuvo inmediatamente a un marmolista italiano, Alberto Saldani, que fue sorprendido curioseando y registrando a los cadáveres en el teatro, pero tras interrogarlo durante un mes fue puesto en libertad.

Santiago Salvador Franch

Mientras tanto Santiago Salvador se puso de acuerdo con su mujer; ésta empeñó las cosas que pudo y obtuvo siete duros, de los que ella se quedó con uno y Santiago el resto. Decidieron que él se marchara y así se trasladó a un barrio junto al cementerio de Barcelona, donde estuvo en una habitación unos 20 días y, al menos una vez, se vio con el que le había facilitado las bombas.

Tras esa corta estancia emprendió viaje hacia Huesca y Teruel. Pero ya la Policía disponía de elementos suficientes de que el atentado era obra de una sola persona y la investigación les llevó a la detención del cerrajero José Codina, ayudante de un tal Francisco Momo, que, a mediados de marzo anterior había muerto en un local cercano al Fuerte Pío, al estallarle una bomba que estaba fabricando. Era igual a las empleadas en los atentados contra Martínez Campos y en el Liceo.

Codina reveló la existencia de un grupo, conocido como "Benvenutto" que se reunía en un café de la calle Diputación 185. Dijo que él y un tal José Bernich, "l'Oreneta" fabricaban las bombas y las ponían a disposición de los de "Benvenutto". Uno de ellos había sido Paulino Pallás, ya fusilado entonces.

Se detuvo al dueño del café, Talarn, y se comenzó la búsqueda del resto. Digamos que José Bernich escapó de la Policía estando detenido. Pero se continuó la búsqueda y fueron apresados Bernat Cicerol y Jaime Sogas y posteriormente, Mariano Cerezuela junto a más de veinte individuos de alguna forma relacionados con el grupo, que, aunque no habían intervenido en el caso del Liceo, sabían todo lo referido al atentado de Martínez Campos, y habían ayudado a escapar a Santiago Salvador, al que en sus declaraciones acusaron de ser el autor del atentado en el Liceo.

Paulino Pallás Latorre

El dueño del café, Talarn fue liberado pues no había tenido nada que ver con el caso, pero varios del grupo "Benvenutto" se habían ofrecido para atentar contra el general; para ello había fabricado las bombas Momo, y después Codina y "l'Oreneta". Codina se había postulado para matar a Martínez Campos, pero desistió al verlo "rodeado de gente del pueblo". Entonces lo hizo Pallás Latorre que era menos escrupuloso.

Lo del Liceo había sido un acto individualista. La mayoría ni conocía a Santiago Salvador, solo Mariano Cerezuela, que le facilitó las bombas. Después lo conocerían Jaime Sogas y Bernat Cicerol en una reunión que convocó Cerezuela en casa de Sogas para prepararle la huida.

Ambos, Salvador y Cerezuela, se marcharon camino de Barbastro y luego se separaron, el segundo fue a Huesca, donde fue detenido, y Salvador a su pueblo, Castelserás. Una vez allí se vanaglorió de su hazaña, lo que fue su perdición, ya que llegó a oídos del policía Magallón, paisano del lugar, lo que hizo que la Policía fuese tras él y lograra detenerlo en Zaragoza en casa de un pariente, Julio Sancho, donde había llegado a finales de diciembre de 1893.

El 1 de enero de 1894 fue, pues, detenido, pero la Policía no pudo evitar que se pegase un tiro en el estómago, lo que le ocasionó una herida de cierta gravedad que requirió hospitalizarlo en la capital aragonesa, pero ya había confesado ante Magallón su autoría del atentado al Liceo. Estaría internado hasta el 1 de febrero.

Juicio y condena: El sumario ocupó más de 4.000 folios y la vista se celebró en la Sala de la Audiencia de Barcelona, sita en la calle San Severo, esquina a la del Obispo, el 11 de julio de 1894. Fueron procesados Salvador como autor y José Prats Trilla por haberle dado cobijo y facilitarle la fuga y Antonio Alfaro Inés por haberle albergado. Los dos últimos fueron juzgados como encubridores.

Para el autor se pidió pena de muerte por los delitos complejos de 20 asesinatos consumados y 27 frustrados y un delito de estragos, con las agravantes de alevosía por haberlo realizado sin riesgo para su persona y premeditación por haber adquirido las bombas e ir al teatro con armas de fuego y blancas y esperar a que la gente estuviera pendiente de la función. Para los encubridores se pidieron 10 años y un día de prisión mayor cada uno.

Actuó de presidente del tribunal el de la Audiencia Provincial, Agustín Moreno, asistido por los magistrados Iso y Bonal y actuando como fiscal Antonio Tapia. Santiago Salvador intentó dar un mítin en el juicio, pero lo evitó el juez. La esposa, Antonia Colom, acogiéndose a su derecho, no declaró.

De los 27 detenidos cuando el atentado al Liceo, que pasaron luego a la jurisdicción militar por el de Martínez Campos, fueron fusilados en Montjuich José Codina Juncá, Mariano Cerezuela Sublas, José Bernat Cicerol, Jaime Sogas Martí, Manuel Arch Solanelas y José Sabat Olé. Murieron durante el proceso Manuel Nacher, en la cárcel y Juan Bernich Morell en el hospital. Se había dado un tiro cuando huía. Contra otros 16 fue sobreseída la causa.

Santiago Salvador Franch estuvo en la cárcel hasta el 21 de noviembre de 1894. En ese tiempo circuló la especie de su arrepentimiento sincero, propagado primero por la esposa y luego adquirió dimensión importante hasta creer la opinión pública que la propia Reina Madre, María Cristina iba a interceder por él. Todo era mentira, cuando le dieron lectura de la condena los jueces les amenazó y gritó ¡Viva la Anarquía!

Fue ajusticiado en el patio de Cordeleros de la prisión de la reina Amalia. Allí se había montado el patíbulo y se puso transporte público para asistir a la ejecución por dos reales y a las seis de la mañana ya estaba el patio a rebosar de gente.

En la hora fatal, Santiago parecía ebrio, trastabillando. El verdugo, Nicomedes Méndez lo sentó de un empujón en la silla y dio vuelta al manubrio con absoluta frialdad. Eran las 8 de la mañana. El cadáver quedó expuesto hasta las cuatro de la tarde.

Las bombas Orsini: Habían sido diseñadas mucho tiempo atrás y ya el 14 de enero de 1858 con ellas se había atentado contra Napoleón III. Estaban formadas por el ajuste de dos medias naranjas de hierro fundido y un eje del mismo metal, que servía de tuerca y sujetaba perfectamente las dos mitades. Complemento de esta máquina eran las chimeneas colocadas en los agujeros abiertos en la superficie esférica; los pistones de los que cada chimenea iba provista; la metralla, constituida en buena parte por clavos de zapatero; y la dinamita que se inflamaba y producía la explosión cuando el pistón había inflamado el fulminante por la fuerza del propio peso del aparato y la adquirida por el impulso del brazo que la arrojaba.

Una de las bombas Orsini

El diámetro de la circunferencia en la parte media de la bomba era de 9,5 cm. Las paredes metálicas eran de un grosor de 1 cm y la longitud del eje-tuerca era de 9. Su peso, con la correspondiente carga, de unos 3 kgs. Tenía 18 agujeros en la superficie con sus correspondientes chimeneas.

Consecuencias: La más notable fue la promulgación con fecha 10 de julio de 1894, de la que se llamó Ley Antianarquista. Respondió a la unánime petición de los medios informativos y de los diversos estamentos sociales en vista de la sucesión de atentados que ocasionaban muertes indiscriminadas, de mujeres, niños, y toda clase de inocentes.

La citada ley elaborada por el Ministerio de Gracia y Justicia, del Gobierno Sagasta, cuyo titular era Trinitario Ruiz Capdepón contemplaba la pena de muerte o cadena perpetua a "Aquellos que, empleando sustancias y aparatos explosivos, causaren muerte o lesión a personas, o provocaran la explosión en edificio público, lugar habitado o donde hubiere riesgo para personas. En caso de que la explosión no se verificase, el castigo sería de presidio mayor en su grado máximo a cadena temporal en su grado medio."

Curiosamente la ley confiaba al Tribunal del Jurado el conocimiento de este tipo de causas.

No supuso freno alguno a los atentados anarquistas.

Eloy Ramos Martínez.

Bibliografía:

Ignacio Agustí: "Bomba en el Liceo".
Roland Gaucher: "Los terroristas".

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