viernes, 15 de octubre de 2021

Teniente del Cuerpo de Seguridad Máximo Moreno Martin o cómo el fanatismo político deshonra un uniforme (IV)

Los siguientes meses de 1936 son una espiral de violencia que mantiene ocupada a la Policía. Se suceden atentados personales cometidos por las Milicias Socialistas que son contestadas por las Milicias Falangistas, aunque en honor a la verdad, la respuesta policial es bien distinta. Como ejemplo una muestra: El 2 de julio es ametrallada la terraza del Bar Roig, situado en la calle Torrijos, actualmente General Díaz Polier, centro de reunión “de elementos fascistas”, según la prensa de la época, a consecuencia del cual fallecieron 2 miembros de Falange más un electricista que circulaba por la calle, resultando heridos de bala al menos dos personas más. Pocas horas después un grupo de socialistas que salían de la casa del Pueblo de la calle Gravina, fueron atacados produciéndose dos muertos y siete heridos. La reacción policial a ambos atentados fue detener a más de 300 falangistas que tenían fichados pero, en cambio, no se produjo ninguna detención entre militantes socialistas.

Al anochecer del 12 de julio de 1936 José del Castillo, personaje del que hemos hablado en varios párrafos anteriores, abandona su domicilio en la calle Augusto Figueroa de Madrid y se encamina de uniforme hacia la calle Pontejos, donde se encuentra la base de su unidad, para tomar el servicio asignado ese día. Cuando está en la esquina de esa calle con la calle Fuencarral varias personas se acercan a él y le disparan en numerosas ocasiones causándole la muerte.

La autoría de este atentado no está clara aún, pero nosotros recomendaríamos la atenta lectura de un artículo escrito en este blog por Carlos Fernández Barallobre, titulado «1936. Un misterioso asesinato sin resolver. Teniente de Asalto José Castillo y Sáenz de Tejada» (1) que vista la catadura moral de los correligionarios de Castillo y total pérdida de su honor, es una hipótesis nada descartable.

Cuando se conoce la noticia causa una enorme conmoción entre las fuerzas izquierdistas y como no, entre los componentes de la unidad en que estaba destinado Castillo, el 2º Grupo de Asalto, que mandaba Ricardo Burillo y especialmente en la 2ª Compañía de Especialidades.

Dentro del acuartelamiento de Pontejos la crispación es absoluta. Los oficiales izquierdistas arengan a sus hombres pidiendo venganza. El teniente Alfonso Barbeta Vilches procedente del arma de Artillería y compañero de unidad de Castillo, dice a sus hombres subido sobre una mesa: “Muchachos, estos canallas acaban de matarnos al teniente Castillo. No tenemos nada de hombres ni de vergüenza si no nos cargamos a cuatrocientos señoritos. Esta noche hay que estar preparados” (2).

Todos los izquierdistas de acción se presentan en el acuartelamiento de Pontejos y entran como “Pedro por su casa” en las instalaciones lo que nos habla del estado de corrupción política que había en la unidad. Aparece Manuel Tagüeña, Fernando de la Rosa y Francisco Ordóñez que llevan unos ficheros robados en un local de Falange con los datos de sus militantes. También aparece, aunque destinado en la Guardia Civil, Fernando Condés Romero y finalmente, los miembros más exaltados de “La Motorizada”, el grupo más radical entre las ya extremistas Milicias Socialistas, que entre otras funciones realizaban labores de escolta a líderes socialistas, en especial a Indalecio Prieto.

Se suceden las reuniones a puerta cerrada en el despacho del comandante Ricardo Burillo entre los oficiales de asalto más radicales, como Máximo Moreno, León Lupión, Barbeta Vilches y en el despacho del teniente coronel Sánchez Plaza con los capitanes de las compañías de Asalto más los tenientes Moreno y Barbeta, que al parecer estaban en todas.

A la una y media de la madrugada sale del cuartel de Pontejos la camioneta Hispano Suiza que lleva marcada en sus laterales «Dirección General de Seguridad —17— Compañías de Asalto». Figuraba como jefe de la expedición, sentado al lado del conductor Orencio Bayo Cambronero, el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés Romero. Iba vestido de paisano y junto a él y a otros Guardias de Asalto, viajaron en el vehículo, José del Rey Hernández, también vestido de paisano, agente destinado en la unidad de escoltas, socialista, adscrito a la escolta personal de la socialista Margarita Nelken. También subió a la camioneta otra “tropa” siniestra: Federico Coello García, afiliado al Partido Socialista y persona muy afín a Indalecio Prieto; Luis “Victoriano” Cuenca, pistolero socialista, perteneciente a la “Motorizada”, guardaespaldas y persona de absoluta confianza del socialista Indalecio Prieto y los miembros de las juventudes socialistas y miembros también de la “Motorizada”, Santiago Garcés y Francisco Ordóñez. No hace falta decir que eso no podía ser una dotación legítima del Cuerpo de Seguridad que iba a practicar detenciones de sospechosos del crimen del Teniente Castillo. Eso era a todas luces una expedición con una clara intención criminal para asesinar a Calvo Sotelo. Por si hubiera dudas del objetivo de la camioneta número 17, poco después sale de Pontejos otro vehículo ocupado por varios oficiales de Asalto entre los que se encuentran Máximo Moreno Martín, Antonio Moreno-Navarro y Toledo, jefe de la 2ª Compañía de Especialidades y masón, Isidro Avalos Cañada, masón, Alfredo León Lupión, masón y Alfonso Barbeta Vilches con la más que probable misión de supervisar que la «camioneta de la muerte» llegara a su destino y que cumpliera su misión (3).

Todo se produce como se ha planeado. Suben a buscar al diputado José Calvo Sotelo a su domicilio el capitán de la Guardia Civil Condés, el guardia de Asalto José del Rey y el pistolero socialista Cuenca. Confiado por la presencia de un miembro de la Guardia Civil, Calvo Sotelo acompaña a la «comitiva de la muerte» y le sientan en la camioneta policial, en la tercera fila de asientos, entre dos guardias de Asalto. Tras él, se encuentra el pistolero escolta de Prieto, Luis “Victoriano” Cuenca que a unos 500 metros del domicilio de Calvo Sotelo le dispara dos veces en la nuca. En la camioneta, increíblemente, nadie dice y hace nada. El conductor del vehículo policial Orencio Bayo Cambronero en su declaración en la Causa General dice que preguntó: «“Es eso un tiro? Y Condés respondió: “No es nada”. A los pocos segundos oyó, también en el interior del vehículo, otro tiro semejante al anterior. Ningún comentario más se hizo en todo el viaje acerca de aquellos disparos. Una o dos calles antes de llegar a la de Alcalá vío diez o doce guardias de Asalto parados […] Al llegar a la calle Alcalá mandó Condés encaminarse al Cementerio del Este» (4). Dice Luis Romero: “El vehículo continúa su marcha Velázquez abajo; cuando se aproxima a Alcalá divisan un coche con varios oficiales de Asalto que parecen hallarse a la espera; es el vehículo ocupado por Máximo Moreno, Barbeta y tres más. Cuando ven que la furgoneta número 17, al desembocar en Alcalá gira hacia la izquierda y sigue hacia Manuel Becerra, y al no distinguir a Calvo Sotelo, comprenden que «la misión está cumplida». Entre los del coche y algunos de los que van en la camioneta se intercambian sobrios saludos que encierran turbios sobrentendidos” (5).

Cuando el vehículo llegó al Cementerio del Este entregaron el cadáver de José Calvo Sotelo, registrándolo como desconocido, y regresaron al cuartel de Pontejos donde el jefe de la unidad, Ricardo Burillo, abrazó nada más llegar al pistolero Cuenca, que aún llevaba en la mano el maletín del difunto Calvo Sotelo reuniéndose con los oficiales, durante largo rato en su despacho.

Conocedores de que su acción tendría repercusiones Máximo Moreno, junto a Barbeta y León Lupión, dieron las órdenes oportunas para que la camioneta número 17 fuera exhaustivamente limpiada y se dedicaron a “coaccionar a sus subordinados […] para que nieguen y oculten todo lo referente al hecho que conocían, a las preguntas que le dirija el juez” (6). Cuando se inició la investigación del asesinato Máximo Moreno se ocultó en el interior de la Dirección General de Seguridad para evitar ser interrogado por el magistrado encargado del Sumario, Ursicino Gómez Carbajo, juez del juzgado de Instrucción número 3 de la capital y sólo salió de su escondrijo para participar en el asalto al Cuartel de la Montaña.

El 19 de julio de 1936 el general Fanjul entra en el cuartel de la Montaña y proclama el Estado de Guerra. Esa misma tarde el acuartelamiento es rodeado por fuerzas adeptas al gobierno del Frente Popular. Entre ellos está el teniente Máximo Moreno que ha abandonado su escondite y se pone en primera fila, no conserva su honor tras tantas fechorías pero sí su valor. Existe una interesante fotografía entre los fondos del Archivo Fotográfico de la Delegación de Propaganda de Madrid, también conocido como “Archivo Rojo”, donde se puede ver al teniente Moreno, vestido con el mono de trabajo del Cuerpo de Seguridad y gorra de plato, dirigiéndose a las turbas en la puerta de la Casa Gallardo, en la esquina de la Plaza de España con la calle Bailén.

Asalto al Cuartel de la Montaña. Al fondo, con gorra de plato y mono, el Teniente Moreno (7)

Entra de los primeros en el citado cuartel y captura con vida al general Fanjul, a su hijo y a varios oficiales más mientras que los otros asaltantes se dedicaron a asesinar a todo aquel que no pudo escapar o no tuviera la protección de algún alma caritativa, dejando un rastro de muertos que fue inmortalizado en una famosa fotografía realizada por Alfonso Sánchez Porlea y demuestra que fueron ejecutados sin piedad cuando ya se habían rendido y estaban agrupados en el patio y no combatiendo.

El patio del Cuartel de la Montaña (8)

A partir de ese momento la actividad del teniente Moreno es constante. Reclutó en dos horas, junto con su compañero de la UMRA, el coronel Julio Mandada, las fuerzas necesarias para formar en la Casa de Campo de Madrid el batallón «Asturias» que formaba parte de la columna Mangada y que ya el 21 de julio partió hacia Gredos y el Alto del León. Esa unidad, en una escaramuza el día 24 de julio contra voluntarios falangistas, en la localidad segoviana de Labajos, mata a uno de los más destacados líderes de Falange, Onésimo Redondo Ortega.


Notas:


(2) VIQUEIRA HINOJOSA, Antonio en Historia de la Policía 1931-1936, publicado en separatas en la revista «Policía», tomo II, página 285.

(3) En otros estudios se dice que la misión de este segundo vehículo consistía en detener, para su posterior ejecución, a José María Gil Robles y Antonio Goicoechea. Nosotros pensamos, al igual que Antonio Viqueira que su misión era “ir los segundos controlando la ruta del primero, ante la posibilidad de cualquier contratiempo” VIQUEIRA HINOJOSA, Antonio en Historia de la Policía 1931-1936, publicado en separatas en la revista «Policía», tomo II, página 289.

(4) Archivo Histórico Nacional, Causa General, 1500, Exp.4, Expediente sobre el asesinato de José Calvo Sotelo, pagina 9.y siguientes.

(5) ROMERO PÉREZ, Luis en Por qué y cómo mataron a Calco Sotelo», Editorial Planeta, colección Espejo de España (1982), página 202.

(6) VIQUEIRA HINOJOSA, Antonio en Historia de la Policía 1931-1936, publicado en separatas en la revista «Policía», tomo II, página 300.

(7) Archivo Fotográfico de la Delegación de Propaganda de Madrid.


(continuará).

Antonio Alonso Rodríguez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario