martes, 18 de mayo de 2021

Crónica negra de La Coruña. Cap. 6º. El bandolero gallego

Nueva entrega de la "Crónica negra de La Coruña", original de nuestra buena amiga y colaboradora Mª Jesús Herrero García.

Es difícil escribir sobre un hombre sobre el que se han vertido ríos de tinta, principalmente en los primeros años del siglo XX, en el que la prensa lo dibujaba como un siniestro y cruel personaje, capaz de cometer cualquier atrocidad, por sacrílega que fuese. Sus andanzas serían descritas por el mismísimo Ramón María del Valle Inclán en diversos artículos periodísticos de la época.

Mamed Casanova


Mamed Casanova nació el 15 de febrero de 1882 en la pequeña aldea de Grañas do Sor, en el municipio coruñés de Mañón, muy cerca de la ría de O Barqueiro y Estaca de Bares. Se sabe que fue hijo natural de María Casanova, madre soltera. Su paternidad se le atribuye a un miembro de la familia de los Balseiros, con antepasados muy turbulentos, conocidos con el sobrenombre de “Los Cazurros”, uno de los cuales moriría ahorcado en Ferrol. En su infancia se crío con su madre y una hermana, empezando a trabajar muy pronto en la forja del maestro herrero Julio Rey, quien lo despediría cuando se percató del futuro que este albergaba.

La carrera delictiva de Mamed Casanova se inició muy pronto, cuando apenas contaba quince años de edad. Además de robar en la forja en la que trabajaba, en diciembre de 1897 entraría en la vivienda deshabitada de un vecino suyo para apoderarse de 13 botellas de aguardiente. Además de ser ya un consumado ratero y experto en todas las artes del robo, Mamed Casanova destacará por su especial fuerza física, dice de él el sacerdote e historiador gallego Enrique Chao Espina(1908-1989) que poseía una fuerza casi hercúlea, logrando romper en alguna ocasión las esposas y grilletes con los que se sujetaban sus manos. A todo eso se añadía su agilidad, más propia de un deportista que de un vulgar ratero, a lo que habría que sumar su gallardía y valentía, muchas veces rayana con la más absoluta de las temeridades.

Uno de los hechos más funestos en la biografía de este singular personaje fue sin lugar a dudas el asalto en el que participó a la casa rectoral de su parroquia natal, Grañas do Sor. En aquel entonces uno de los principales objetivos de las bandas de ladrones y rateros solían ser las viviendas destinadas a los sacerdotes, quienes tenían fama de poseer grandes patrimonios, así como importantes cantidades de dinero en efectivo. Hacia su casa se dirige la banda que lidera el ínclito Mamed el 24 de noviembre del año 1900 que la integran cinco hombres.

En su asalto obtendrán nada más y nada menos que 2.000 pesetas, toda una fortuna para aquel tiempo. Sin embargo, sus malos cálculos les obligaron a dejar una víctima mortal en el camino, Manuela Domínguez, la criada que trabajaba en la casa del sacerdote, quien moriría a consecuencia de un disparo de escopeta. Mientras, el religioso consigue escapar. Detrás de unas tablas se había escondido el hijo de la criada, un niño de apenas nueve o diez años de edad, quien iba a ser la persona clave para resolver este crimen y acusar posteriormente a Mamed Casanova más conocido por Toribio de ser el responsable directo de la muerte de Manuela.

De inmediato comienza la búsqueda de los autores del brutal crimen que conmociona a toda la comarca. En un primer momento se detiene a Lorenzo Balseiro y a José Secundino Pedre, mientras que Mamed Casanova resistirá en diversas ocasiones las embestidas de la guardia civil, con la que mantendrá distintos tiroteos, en uno de los cuales hiere de cierta gravedad a un agente. Es ahí donde se inicia su mítica leyenda, que no duda en calificarle de ser un magnífico tirador, además de lograr escabullirse de cuantas batidas se hacen contra él. Sin embargo, algunos meses más tarde, un miembro de la benemérita logra herirle de un certero disparo que le impide proseguir su marcha, siendo detenido y encarcelado en Ortiguera. En la cárcel demostrará de nuevo sus habilidades escurridizas, logrando huir de la misma el 30 de agosto de 1902. Sobrevivirá durante algún tiempo, ocultándose en los montes y montañas gallegas.

Para capturar a Mamed hubo que recurrir a algún ardid con cierta picaresca. Mamed Casanova solía mantener buenas relaciones con los curas rurales gallegos de la época. Uno de estos sacerdotes con los que gozaba de una excelente amistad era el párroco de O Freixo, parroquia perteneciente al municipio coruñés de As Pontes, muy próximo al área de actuación del célebre forajido. El religioso Antonio Prieto Poupariña, que había nacido en la localidad lucense de Vilalba, le invitó a comer a su casa el 14 de enero de 1903 con la condición de que ambos estuviesen desarmados. Así fue. Con lo que no contaba Mamed es que esa invitación estaba envenenada, pues una sobrina del párroco avisó a los agentes de la guardia civil de la presencia de Mamed en la rectoral. Uno se acercó por sorpresa con una escopeta en la mano y disparó a quemarropa sobre el célebre delincuente gallego, ocasionándole una herida de gravedad, que a punto está de costarle la vida. Al recuperarse es enviado de nuevo a prisión.

Mamed Casanova se enfrenta a muchos cargos, pero el más importante de todos es el de asesinato, ya que se le acusa de ser el autor material del asesinato Manuela Domínguez. La Audiencia Provincial de La Coruña lo sentenciará a pena de muerte el 22 de diciembre de 1903, que será ratificada posteriormente por el Tribunal Supremo. Cuando todo parecía que el famoso forajido gallego iba a terminar con sus huesos en el garrote vil, su madre conseguiría lo que parecía inevitable. Durante una visita del rey Alfonso XIII a La Coruña, se postraría de rodillas ante el monarca suplicando clemencia para su hijo. Ante esta conmovedora escena, el entonces Jefe del Estado se apiadó de su progenitora y accedió al indulto, siendo sustituida la pena capital por la de treinta años de reclusión.

Como no podía ser de otra manera, en la cárcel Mamed Casanova se convertirá en un importante activista que reclama mejores condiciones para los presos, siendo protagonista de diversos incidentes y motines. En su estancia en prisión será diagnosticado de una curiosa patología queromanía, que es una dolencia caracterizada, al parecer, por poseer una excesiva alegría. Además, en ella, a diferencia de lo que se ha sostenido muchas veces de forma errónea, dará talla de una importante capacidad intelectual, al demostrar grandes conocimientos sobre geografía, historia y matemáticas. En 1911 solicitará a través de una carta una entrevista con el capitán general de la zona Marítima del Cantábrico, con base en Ferrol, en la que quería darle cuenta de su proyecto para hacer mejores cañones para la Armada. Como es obvio, nadie le hizo caso, pues se suponía que Mamed tenía ya sus facultades mentales demasiado alteradas. En aquel entonces se encontraba cumpliendo su pena en el castillo de San Antón, en la ciudad herculina.

No hay un acuerdo unánime relativo a su abandono definitivo de la cárcel. Algunos autores, entre ellos el periodista coruñés Juan Naya, quien señala que Mamed Casanova abandonaría definitivamente la prisión en el año 1926, en tanto que otros lo sitúan en 1931, coincidiendo con la proclamación de la IIª República española.

Poco o muy poco se sabe de los últimos años de su vida. Se sabe que regresó a su aldea natal, Grañas do Sor, pero ya jamás volvería a retomar sus antiguos pasos. También se sabe que era frecuente verlo por La Coruña mendigando, con un aspecto complemente desaliñado y con un caminar torpe y renqueante, dando la sensación de ser un personaje huraño y huidizo. Tampoco se conoce con total certeza la fecha de su fallecimiento, algunos indican que su deceso se produjo en 1942, en tanto que otros lo sitúan en 1946, en una época en la que se había convertido en un costroso y demacrado anciano a quien ya nadie reconocía ni recordaba aquellas lejanas andanzas que habían puesto en jaque a las autoridades del amanecido siglo XX.

Mª Jesús Herrero Garcia.

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