Del boletín "Emblema" de febrero, tomamos este artículo de nuestro gran amigo y compañero el Comisario Ángel Alcázar Sempere.
Mi jubilación me ha hecho retomar una temática que siempre me ha apasionado: la obra de España en América, la Hispanidad, el Hispanismo y la lucha contra los hispanófobos.
Como es frecuente que suceda con el paso de los años, uno llega a pensar que su formación educativa podría haber transitado por otros caminos diferentes a los elegidos en la juventud. Ojo, en absoluto me arrepiento a lo que he estado dedicado por espacio de casi cuarenta y cinco años, he disfrutado mucho y ha colmado plenamente mis inquietudes profesionales, pero existen otros asuntos que, si dispusiera de más tiempo, tal vez me animaría a explorarlos en profundidad. Me refiero al estudio académico o formal de la Historia de América.
A lo largo del tiempo
he ido recopilando una interesante biblioteca relacionada con esta temática.
Para mí, estos libros son un maravilloso tesoro, los cuales me han
proporcionado el disfrute de cientos de horas en exploraciones, viajes,
descubrimientos, navegaciones y encuentros con otras culturas.
Hablando de libros, he
de decir que llevo un par de meses en los que mis lecturas americanas las tengo
“en dique seco”, debido a que he estado moviéndome por muchos lugares
interesantes en el inabarcable espacio que proporciona Internet, unos con
cosmovisión y postulados llamados hispanistas, y otros de acentuada orientación
indigenista. Ambas posiciones no dejan de ser abiertamente antagónicas, de
hecho, se producen a menudo arduas discusiones casi por cualquier cuestión. Son
las dos caras de una misma moneda. Por lo que a mí respecta, no
hay ninguna contradicción en admirar lo pre-hispano y lo virreinal o español.
Muy a mi pesar, tengo
que decir que las interacciones con los indigenistas me resultan bastante
frustrantes en la mayoría de las ocasiones, pues para poder rebatir con
solvencia sus postulados, me tengo que sumergir, a menudo, en la lectura de
documentos, crónicas o libros, lo cual me supone un esfuerzo que casi nunca se
ve recompensado debido a su obcecación. En mi opinión, los indigenistas viven
en un espacio virtual de fantasía y delirio que me parece patológico, no dando
nunca su “brazo a torcer”. Así son estas personas, los cuales idealizan y
romantizan fanáticamente a las civilizaciones americanas (aztecas, incas y
mayas) de tal manera que parece que sus miembros hubieran sido “seres de luz”
sin tacha, enfermedad, vicio o defecto alguno, los cuales solo estaban dedicados
al estudio de las matemáticas, la astronomía, la poesía, la filosofía o la
entomología, por poner solo algunos ejemplos de tal idealización.
Una parte positiva en
todo ello es que yo también crezco en la materia, al tener que ponerme a buscar
distintas fuentes (datos, documentos, citas de personas célebres) y todo
aquello que me sirva para argumentar o confrontar posiciones. Realmente estoy
muy entretenido, debido a que siempre descubro algún episodio nuevo que me sorprende
gratamente, dada la increíble e inmensa historiografía existente de hechos y
circunstancias relativas a la cuestión de la América española.
Ya puestos, tengo que
decir que algunas veces agotan mi paciencia estos obstinados defensores a
ultranza del indigenismo posmoderno, y me despacho con algún exabrupto que
espero no resulte en ningún caso ofensivo, en cuyo caso pido disculpas. Todo
ello porque existen unas líneas rojas que cuando son rebasadas han de tener
alguna respuesta, y eso sucede cuando se meten con España o los españoles.
Antes de llegar a esta
desagradable situación, suelo emplear frases que pienso que son inapelables,
tales como: “No debemos juzgar el siglo XVI con los valores y principios del
siglo XXI”, o “La obra de España en América, como toda realización
humana tiene claros y oscuros”, o “España cometió errores, pero otras
potencias hicieron cosas mucho peores”. ¡Nada, que si quieres arroz
Catalina! como diría un castizo. Hay demasiados “hermanos” hispanoamericanos
que están obsesionados de manera enfermiza con España, y por lo que voy viendo,
muchos son hijos de la hermosa y querida nación mexicana. Creo que ello se debe
a un gran desconocimiento de su historia, y aunque parezca inconcebible, de sus
orígenes. Tal vez, en México en vez de ofrecer educación en colegios y escuelas,
tienden al adoctrinamiento.
Como dijo muy
recientemente Juan Miguel Zunzunegui del país azteca (en realidad se debería
llamar tlaxcalteca) y doctor en Humanidades y licenciado en Comunicación: “No
nos enseñan nada de los 300 años que duró el Virreinato. Está fuera de los
libros de texto, de eso no se habla, eso no se estudia, de eso no se sabe
nada”.
Con relación a lo
anterior, no quiero creer que a los mejicanos se les haya inoculado
intencionalmente desde pequeños un discurso de odio antiespañol, lo cual a mi
entender sería erróneo. Lo cierto es que el periodo del Virreinato se encuentra
demonizado por muchos. Desde luego siempre hay excepciones, pero no las
encuentro entre los que se declaran indigenistas.
De otra parte, resulta
absurdo que en los planes de estudio de este bendito país, no se dé la debida
importancia a una obra tan colosal y de tantísima repercusión en la Historia de
la Humanidad como es el descubrimiento, la exploración, la conquista y la evangelización
de América por parte de España.
Los que formamos parte
de civilización hispana, deberíamos aspirar a ser una verdadera hermandad, pues
tenemos mucho en común (lengua, cultura, historia y valores), y de esta manera
conseguir tener una mayor presencia y proyección a nivel internacional. Esta
comunidad hispana podría tener, sin lugar a duda, mucho más peso específico en
el mundo, considerando que éste se está reconfigurando a “uña de caballo” desde
que los EE. UU se han hecho imperativamente y sin ningún complejo con el
liderazgo impuesto o forzado de una gran parte del planeta.
Por otra parte, y
triste es tenerlo que aceptar, Europa, mediante políticas erráticas y con falta
de verdaderos líderes, está renunciando a tener el protagonismo que siempre
tuvo a nivel global. Me pregunto si nuestro papel está en Europa, o deberíamos
unir fuerzas con la comunidad hispana para ser más poderosos e influyentes en
el mundo, y así lograr mayor prosperidad como nación y como sociedad.
Ángel Alcázar Sempere.

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