Del boletín "Emblema" de mayo, tomamos este artículo de nuestro gran amigo Carlos Fernández Barallobre.
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| Policía Nacional José Manuel Rodríguez Fontana |
En el instante del atentado, los tres Policías Nacionales, tomaban unos cafés, en un establecimiento cercano a las oficinas del Documento Nacional de Identidad en el barrio donostiarra de Amara, donde habían finalizado su servicio de vigilancia.
Los tres
Policías, vestidos de uniforme, entraron por la parte trasera del Bar “Majusi”,
que daba a la Plaza de Echeberri. Se colocaron en una de las esquinas de la
barra y pidieron tres cafés con leche y dos paquetes de tabaco.
Unos minutos después, entró una persona madura, de pelo moreno, pobladas cejas, barba de días y con un anorak de color marrón oscuro. Se colocó relativamente cerca de los policías y pidió una cerveza. De seguido esgrimió una pistola y, a menos de un metro, comenzó a disparar contra los Policías Nacionales.
Uno de
ellos, Juan Manuel Rodríguez Fontana, retrocedió unos pasos para protegerse
tras unas cajas, al tiempo que Intentaba sacar su pistola reglamentaria. El
agresor, que vio sus movimientos, se acercó más a él y le volvió a disparar,
cayendo herido de muerte.
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| Policía Nacional Dionisio Villadangos Calvo |
Una vez que los tres policías se encontraban en el suelo, el terrorista, junto a un compañero que le guardaba las espaldas, salió por la misma puerta por la que había entrado aprovechando la confusión que produjeron los disparos.
Apenas
producirse los disparos, se produjeron escenas de pánico y desconcierto entre
la veintena de clientes que había en aquellos momentos en el establecimiento.
Algunos se arrojaron al suelo y otros salieron del bar por la puerta principal
que daba a la calle Carlos I. A una clienta, uno de los proyectiles le alcanzó
de rebote la taza de café, y a la empleada del bar fue necesario subirla a unas
oficinas para atenderla de un shock nervioso. En el lugar del atentado se
encontraron cinco casquillos del-calibre 9 milímetros parabellum, marcas SF y
FN. En el establecimiento se encontraba también un inspector de Policía de
paisano que iba desarmado, por lo que sólo pudo dar aviso de lo ocurrido a la
comisaría de San Sebastián.
Escasos
minutos-después de producirse el atentado, se personaron en el bar varios
vehículos policiales que habían sido avisados de lo ocurrido. Inmediatamente
comprobaron que Juan Manuel Rodríguez estaba muerto, mientras que Dionisio
Vllladangos y Jesús Holgado aun respiraban, por lo que decidieron introducirlos
en dos vehículos policiales y trasladarlos a la residencia sanitaria Nuestra
Señora de Aránzazu.
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| Policía Nacional Jesús Holgado Sabio |
En este centro ingresó cadáver el primero de ellos, mientras que Jesús Holgado pasó a los quirófanos para ser intervenido. Dionisio Villadangos presentaba dos impactos de bala, que le afectaban el corazón y el abdomen. Jesús Holgado fue alcanzado por dos Impactos, uno le afectó el abdomen y el otro el cuello, Interesándole vértebras cervicales y médula.
Hacia las
diez de la mañana se personó en el bar “Majusl” el juez de guardia, quien
ordenó el levantamiento del cadáver de José Manuel Rodríguez. La víctima
presentaba dos impactos en el hemitórax izquierdo, otros dos en las piernas,
que le afectaban el fémur, y un quinto en las fosas nasales.
Los autores
del atentado huyeron en un turismo robado a su propietario a punta de pistola,
ocurrido hacia las ocho y media de la mañana, en el barrio de Gros, cuando el
dueño y conductor del «R-7» de color belge, se disponía a ponerlo en marcha.
Tres Individuos le abordaron, pistola en mano, y se lo sustrajeron,
advirtiéndole que no diera cuenta de los hechos hasta pasadas unas horas.
Según el
propietario del vehículo, a quien los desconocidos dejaron atado a un pino
existente en el barrio de Alza, en las afueras del casco urbano, éstos se
identificaron como miembros de un comando de «ETA-M» y le indicaron que
necesitaban el coche para llevar a cabo una acción armada. El propietario del
automóvil consiguió desprenderse de sus ligaduras hacia las 12 ,3 0 de la tarde, y se dirigió a la Comisaría
de Policía de San Sebastián, en donde presentó denuncia de lo ocurrido.
La capilla
ardiente de los policías nacionales quedó Instalada en el Hospital Militar de
Guipúzcoa.
El mismo día
del atentado, la banda terrorista ETA se hizo responsable del asesinato de los
tres agentes.
Al día
siguiente, 16 de mayo, se celebraron los funerales en el Hospital Militar de
San Sebastián, presididos por el delegado especial del Gobierno en el País
Vasco, general Sáenz de Santamaría, delegado del Gobierno para el País Vasco y
al que asistieron los gobernadores civil y militar de Guipúzcoa; jefe superior
de Policía de Bilbao; alcalde de San Sebastián, así como otras autoridades
civiles y militares, familiares de las víctimas que expresamente se habían
desplazado desde sus localidades de origen y numerosos compañeros de las
víctimas.
En la
homilía el oficiante señaló que “los
métodos para alcanzar una sociedad mejor deben ser humanos y humanizantes”.
Añadió más adelante que “es necesario
desarraigar de la sociedad todo lo que alienta el odio, el rencor, la mentira y
la violencia». Hubo numerosos momentos de tensión, acentuados por las
muestras de dolor de la madre de uno de los policías muertos, que repetía en
voz alta el nombre de su hijo.
Terminado el
funeral y tras el rezo de un responso, los féretros de los policías nacionales
Dionisio Villadangos Calvo, José Manuel Rodríguez Fontana y Jesús Holgado
Sabio, cubiertos con la bandera nacional, fueron bajados a hombros de sus compañeros
hasta el patio central del hospital, donde fueron despedidos por las
autoridades. Una vez Introducidos los féretros en los furgones mortuorios, que
les conducirían al aeropuerto de Fuenterrabía, para ser trasladados por vía
aérea a sus respectivos lugares de origen, el Teniente Coronel jefe de la
Policía Nacional, tras dar la orden de firmes, pronunció gritos de ¡Viva
España! y ¡Viva el Rey! y ¡Viva la Policía Nacional! que fueron contestados por
todos los presentes, entonándose de seguido el himno de la Policía
Nacional.
Por otra
parte, Doña Florencia Calvo, madre de uno de los Policías Nacionales
asesinados, afirmó, entre otras cosas a la prensa que; “Las últimas palabras que le escuché a mi hijo fueron: Madre, el día de
San Isidro te vuelvo a llamar. Esto está muy feo. Nos enteramos de la muerte de
Dionisio ayer por la mañana. Estábamos en Misa, y al salir vi un coche ante la
puerta de casa. Entonces lo adiviné todo. Yo no siento odio. Pero tienen que
acabar con todo esto. Ya está bien. Él estaba para defender a la patria. Ya se
ha derramado mucha sangre y no sé hace nada por solucionarlo”. Los tres
Policías Nacionales recibirían con posterioridad la medalla de oro al mérito
policial.
Al pueblo
leonés de Castrillo de San Pelayo, perteneciente al municipio de Villazala,
llegó el féretro que contenía los restos mortales del Policía Dionisio
Villandangos Calvo, donde tuvieron lugar los funerales por su eterno descanso.
El pueblo en masa, además del de parroquias y municipios cercanos, profundamente
consternado, se lanzó a la calle para acompañar hasta el cementerio a la
víctima y a su familia que eran muy apreciados en la localidad.
Por su parte
un avión militar trasladó hasta Almería el cadáver de José Manuel Rodríguez
Fontana que fue llevado a la comisaría de Policía donde fue velado por
compañeros durante la noche. A la mañana y tras el funeral fue enterrado en el
camposanto de San José de la capital almeriense. Gran consternación y
repulsa causó en esta ciudad el asesinato del policía nacional José Manuel
Rodríguez Fontana.
José Manuel
había sido destinado, hacía pocos meses a Vascongadas y pensaba contraer
matrimonio en próximas fechas. Era el segundo de una familia de siete hermanos.
El padre del
policía nacional asesinado, Antonio Rodríguez Segura, trabajaba como a como
acomodador en un cine almeriense. Junto con su esposa, Dolores Fontana Campos,
se trasladó a la capital donostiarra poco después de conocerse la noticia de la
muerte de su hijo, para hacerse cargo de sus restos mortales.
El ataúd de
Jesús Holgado, también trasladado en un avión militar, llegó al aeropuerto de
Málaga, donde le esperaban las primeras autoridades civiles y militares y desde
donde se organizó la comitiva fúnebre que trasladó los restos del policía
asesinado al pueblo de Jimena de Líbar donde recibirían cristiana sepultura
acompañado de prácticamente todos los vecinos de su localidad natal, donde
cerraron todos los establecimientos en señal de duelo y protesta por el
asesinato.
Jesús
Holgado Sabio, era natural de Carratraca (Málaga), tenía 27 años y estaba
soltero.
José Manuel
Rodríguez Fontana era natural de Almería. Tenía 24 años y estaba soltero,
aunque tenía previsto casarse en agosto. Había ingresado en la Policía en
septiembre de 1979 y llevaba apenas mes y medio en San Sebastián. Segundo de
nueve hermanos, hijo de una familia modesta, ayudaba económicamente a sus
padres con su sueldo de Policía Nacional. La preparación de su ingreso en el
Cuerpo la realizó en la Academia especial de la Policía Nacional existente entonces
en Badajoz. Una vez terminada su formación pidió destino voluntario a San
Sebastián.
Dionisio
Villadangos Calvo, era natural de Villazala (León). Tenía 24 años y estaba
soltero. Había ingresado en la Policía Nacional ocho meses antes de ser acribillado
a balazos en San Sebastián.
Tras aquel
atentado eran ya 52 los muertos en acciones terroristas en lo que se llevaba de
año; 43 de los cuales habían sido asesinados en Vascongadas. De ellos, 24 eran
agentes del orden público o militares.
En un comunicado
ETA Militar informaba a los medios de comunicación vascos que se hacía
responsable del atentado que había costado la vida a tres Policías Nacionales
en un bar de San Sebastián. En los medios policiales sorprendió la celeridad
con que la organización terrorista se responsabilizó del atentado, caso anormal
en la actuación de ETA, que solía esperar a que el comando que realizaba un
golpe se pusiese a salvo.
En 2005 tras
aplicarse el Real Decreto 308/2005, de 18 de marzo, por el que se regulaba la
concesión de ascensos honoríficos en el Cuerpo Nacional de Policía, a propuesta
del Ministro del Interior, el Consejo de Ministros, en su reunión del día 18 de
marzo de 2005, acordaba: “Conceder, con
carácter honorífico y a título póstumo, el ascenso a la categoría inmediata
superior a todos los miembros del Cuerpo Nacional de Policía asesinados por el
terrorismo por tener la sociedad española una deuda contraída de permanente
gratitud con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, por su permanente
labor en la garantía de los derechos fundamentales y de la seguridad
pública”.
Dionisio
Villadangos Calvo, José Manuel Rodríguez Fontana y Jesús Holgado Sabio, serían
ascendidos a oficiales, De igual manera pasarían a formar parte de la Real
Orden de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo.
A día de
hoy, sigue sin saberse absolutamente nada sobre los autores materiales del
mismo.
Carlos Fernández Barallobre.



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