Del boletín "Emblema" de mayo, tomamos este artículo de nuestro buen amigo y compañero el Inspector Jefe (R) Eloy Ramos Martínez.
Hace poco tiempo se cumplió el 25º aniversario de uno de los mejores servicios policiales contra el terrorismo; me refiero a la desarticulación del comando Donosti, aunque mejor le iba el nombre de Complejo Donosti, que fue posible gracias a la información obtenida por una policía de la Escala Básica, de la promoción de 1989, de nombre Elena Tejada que se infiltró en la banda.
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| Elena Tejada, en foto de la época |
Era una aspiración policial el lograr infiltrar a una mujer en la organización etarra y el jefe de la comisaría de San Sebastián, Fernando Sáinz Merino, pensó que aquella veinteañera riojana, bien preparada académicamente y de magnífico temperamento, podía ser la persona adecuada. Acertó de pleno.
La primera consigna que le dio a la, a partir de entonces Aránzazu Berradre Marín, fue de de que ella no debía solicitar entrar en la banda, sino que serían los etarras quienes lo hicieran.
Se presentó como activista del Movimiento de Objeción de Conciencia de Logroño, adonde regresaba para ver a su familia. Tenía abuelos en Azpeitia,lo que explicaba su apellido, y empezó desde abajo en septiembre de 1992 cuando contaba 22 años; tuvo que esforzarse para chapurrear el euskera y se movió en movimientos antisistema y antimilitaristas y poco a poco su cara se fue viendo da manera habitual en los ambientes abertzales.
Comenzó a frecuentar la sede de Herri Batasuna en el Casco Viejo de San Sebastián pero mostrando un perfil muy plano. Tenía que dejarse captar. Así empezó a trabajar en una carnicería cuyos dueños eran próximos a la rama política de la banda, la citada Herri Batsuna.
EL PRIMER CONTACTO CON LA BANDA.
Un día se le acercó el llamado Kepa Etxebarria Sagarzazu, uno de los dirigentes de ETA, y le dijo: “Arantza nos ha hablado muy bien de tí. Queremos que colabores. Si quieres vas el sábado a las 10 al reloj de La Concha”. Ella aceptó sin mostrar entusiasmo. Realmente en aquel lugar y en la Puerta del Buen Pastor se hacía el 80% de las citas para entrar en la banda.
Acudió a ella y allí se le volvió a aparecer el tal Etxebarría, que le pidió que le ayudara a desplazarse a Orio en varias ocasiones. En realidad lo que él necesitaba era disponer de piso, coche y chófer para sus labores en la Organización.
A todo ello se prestó Aránzazu. Le abrió las puertas de su casa y su domicilio se convirtió en piso franco del comando Donosti. Etxebarria le indicó que estaban reconstruyendo el comando a base de incorporar nuevos militantes con experiencia para hacerlo más eficaz.
Su piso en cuestión estaba situado en la calle Urbieta y fue preparado a conciencia por la Policía que lo llenó de micrófonos y estaba rodeado de un perímetro de seguridad compuesto por una docena de policías, cosa que ignoraba Aránzazu. Fue una fuente inagotable de información para la Policía. Tal información la iban recogiendo dos compañeros de ella en un piso cercano dedicados las 24 horas a escuchar lo que se decía en el piso franco.
Ella se reveló como una gran artista. Se producía como más etarra que los propios de la banda. Iba frecuentemente de chófer con Etxebarria que captaba nuevos miembros entre gente sin antecedentes policiales y difícilmente localizables. De esta manera la Policía conoció casi entera la cantera de ETA en la provincia de Guipúzcoa.
SU VIDA EN LA ORGANIZACIÓN
Fue a través del repetido Etxebarria como ella supo que la famosa tregua ofrecida por la banda terrorista en 1998, no era sino una trampa pues lo que los etarras necesitaban era tiempo para reorganizar sus estructuras, lo que estaban haciendo con nuevos elementos expertos, según las indicaciones del jefe de los comandos Francisco Javier Arizcuren Ruiz “Kantauri”. Pero eso sólo lo sabía una docena de personas y le llegó así al ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, y de esa manera se acuñó el término de tregua – trampa.
Pero no se limitaron al piso franco establecido en la calle Urbieta, ya que usarían otros que lo fueron sustituyendo, así en el Paseo de Zubiaurre, en Marbil y en el cauce del Igueldo.
Luego llegaría un nuevo inquilino. Se trataba de Sergio Polo Escobés, que era el nuevo jefe del comando. Cuando éste llegó a España ella le esperó en la puerta de la iglesia de Isaba, en Navarra. Él se presentó preguntando ¿Eres tu la amiga de Iñaki? Era la contraseña acordada.
Aunque ella no lo sabía, la protegían doce montañeros (compañeros) situados por las proximidades.
Entonces se planteó un problema pues tanto el recién llegado como el ya conocido Etxebarria Sagarzazu se sentían dos machos alfa para conquistar a la joven Aránzazu. Ella supo manejar muy bien la situación, aunque hubo evidentes tensiones.
La información que obtenía la Policía lo era por las escuchas telefónicas que hemos citado antes y, naturalmente, por las conversaciones que mantenía con su jefe la propia infiltrada. Tanto en los siete primeros años, como en los dos que estuvo integrada en el comando, hablaba con su jefe, “El Inhumano” (Fernando Sáinz Merino) mediante llamadas telefónicas desde cabinas o reuniéndose ambos en lugares con salas de espera o en hospitales, lugares idóneos para no despertar sospechas.
EL FINAL
La caída en Francia del citado José Javier Arizcuren Ruiz “Kantauri” y de los etarras Jesús María Puy Lecumberri, Irantzu Gallastegui Sodupe, Miguel Zubimendi Berasategui en el hotel Printania, en el 150 de la Rue d’Avron en París y a José Ignacio Herrán Bilbao y Juan Mirena San Pedro Blanco en un piso de la rue Lacordaire, de la capital francesa, en un servicio de la Guardia Civil y los Reseignements Genaraux, precipitó los acontecimientos.
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| Sergio Polo Escobés |
Los etarras trataron de huir, entre ellos los miembros del Comando Donosti, pero tanto Polo como Etxebarria fueron detenidos al salir del piso el 10 de marzo de 1999. El primero resultó con luxación de un hombro, y otros siete etarras lo fueron en distintos puntos de la ciudad donostiarra.
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Kepa Etxebarría Sagarzazu |
Aránzazu escapó del lugar y aquella noche sus compañeros la llevaron a Madrid. Cuando la juez que llevaría el caso preguntó a la Policía quién era Aránzazu Berradre Marín se le contestó que no existía tal persona en realidad.
Elena Tejada fue condecorada con la Medalla de Plata al Mérito Policial. Un leve accidente de tráfico posterior sirvió para que su nombre fuera conocido y ETA lo pusiera con su foto en carteles en todas las herriko tabernas y la revista Ardi Belza (Oveja Negra), vinculada a los abertzales publicó fotos de su casa y la de sus padres en Logroño. Desde entonces fue destinada a servicios policiales en varias embajadas.
“La Infiltrada” fue una película de Arantxa Echevarria, fundada en ella, con Carolina Yuste y Luis Tosar como protagonistas. “El Inhumano” - que se llamaba así porque no tenía festivos ni vacaciones que le impidieran trabajar – participó en el guión del film, que tuvo un considerable éxito.
También en 2024 la escritora Belén Rodríguez Patiño publicó la novela “La piel de los tártaros” basada en la vida de Elena
ADDENDA
Conviene recordar que las Herriko Tabernas (en español tabernas del pueblo o populares) son las sedes de la máscara política de la banda (Herri Batasuna) que se ha ido escondiendo a través del tiempo en sucesivos alias:HB, EH, AS, AuB, Batasuna, ANV, PCTV/EHAK, etc. En ellas a veces se organizan y se dotan a los aspirantes a etarras, de cóckteles molotov, objetos contundentes, capuchas, guantes, para el terrorismo urbano o kale borroka en su jerga. Pero el papel principal asignado por la banda las herriko tabernas es ser parte de su entramado financiero. En ellas se organizan txoznas (recogida de dinero “voluntariamente” entregado.
El comando Donosti estuvo mandado anteriormente a lo aquí relatado por Jesús María Zabarte Arregui “El Carnicero de Mondragón y por Francisco Javier García Gaztelu “Txapote” . Sólo éste último está en prisión, porque se niega a salir, ya que dice que ello supondría entrar en el juego del Gobierno de España. Es el líder indiscutible de la banda hoy en día.
Sergio Polo Escobés “Lur”, asesinó al comandante de Artillería Luciano Cortizo Alonso y dejó lesionada con heridas muy graves a su hija Beatriz en un atentado que le preparó con una bomba lapa en su coche en León el 22 de diciembre de 1995. A Emilio Castillo López de Francia, guardia civil el18 de marzo de 1993 y a Ángel María González Gabino, el 22 de junio de 1993. Fue condenado a 287 años (110 por el de Cortizo). Salió con el tercer grado en 2025.
Kepa Etxebarria Sagarzazu, fue condenado a 20 años por atentado contra Juan José Baeza González, funcionario de prisiones de Martutene, que resultó herido por sus disparos en el cuello el 16 de junio de 1997. Salió de prisión en 2019.
Eloy Ramos Martínez.



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