Del boletín "Emblema" de enero, tomamos su editorial.
Comenzamos un nuevo año, 2026, que posee un significado muy espacial para muchos de nosotros, ya que celebraremos el Centenario de la promulgación de la Bula Papal y la subsiguiente sanción del Rey D. Alfonso XIII, por la que se proclamaba al Santo Ángel de la Guarda como Santo Patrón y Protector de la Policía Española.
Una efeméride histórica que no debería pasar inadvertida para nadie, toda vez que una celebración de estas características merecen una consideración especial.
Sería una sabia decisión crear, a instancias del Vicario de la Policía Nacional y de acuerdo con el Arzobispado Castrense, la Cruz conmemorativa del Centenario del patronazgo, cuya concesión podría ser solicitada por cualquier integrante de la Policía Nacional. Una condecoración que no estaría sujeta a baremo y que sería adquirida por los interesados.
Una buena forma de recordar una devoción que nos lleva acompañando a lo largo de los últimos cien años y un homenaje a la advocación religiosa que nos viene protegiendo desde 1926.
En “Emblema” no dejaremos de lado, a lo largo de todo el año, esta conmemoración y la imagen del Santo Ángel de la Guarda estará presente en todas nuestras publicaciones a lo largo de este año.
En otro orden de cosas, estamos viviendo tiempos muy complicados en los que la corrupción y la mentira se han adueñado de la escena nacional. Aquí y allá saltan escándalos que ponen de manifiesto la situación de alarmante desarme moral al que estamos asistiendo y del que son principales protagonistas muchos de los que nos gobiernan.
Hemos llegado a una situación de deterioro tal que muchos de aquellos que, otrora, se les llenaba la boca hablando de honor y de principios inmutables han sido capaces, con tal de mantener el puesto de privilegio, no solo de traicionar esos principios de los que tanto presumían, sino también de llevarse por delante el acrisolado honor y la dignidad de la Institución que dirigen, sin importarles para nada las consecuencias.
Aquí y allá saltan nombres que conocemos, inmiscuidos en tramas corruptas y deleznables, lo que sirve para explicarnos la razón por la que llegaron tan alto que, en la mayoría de los casos, nada tiene que ver con su cualificación profesional.
Pero lo realmente grave de la situación, estriba en que a estos personajes, convertidos en títeres, marionetas que mueve el poder a su antojo, cuando no desde oscuras instancias, no les preocupa lo más mínimo llevarse por delante, quizás para siempre, la imagen de esa Institución cuyos destinos dirigen.
Tampoco les importa servir los oscuros intereses de los enemigos de España, ya que su única prioridad es la de servir fielmente a sus amos que han sido los que los han colocado en los puestos de poder que detentan.
Vivimos tiempos difíciles y complicados. Para muchos, algunos los conocemos, el fin justifica los medios y están dispuestos a cualquier cosa, incluso llevarse por delante, ya no solo a la Institución que dirigen, sino a la mismísima Nación, con tal de mantener contentos a sus amos a quienes, en última instancia, les deben sus puestos de privilegio.
Confiemos, en cualquier caso, que algún día, todos estos paguen por las felonías cometidas, incluso algunos después de sentarse en el banquillo de los acusados y rendir cuentas ante la Justicia.
Estrenamos un nuevo año, el 2026. Hemos consumido la cuarta parte del nuevo siglo y esperemos que en este año que comienza la situación mejore en todos los sentidos. Que España vuelva a brillar con luz propia; que los traidores a España paguen sus culpas y desaparezcan, para siempre, de la escena política nacional y que nos liberemos, de una vez por todas, de toda esa anti-España que tanto daño nos está haciendo.
Aprovechamos para saludar a un nuevo colaborador hispanoamericano, el peruano Iván Fernando Illanes Mendoza, de quien en este número insertamos su primer artículo.
Por lo demás, deseamos a todos de corazón un feliz 2026, en que todos los sueños se puedan hacer realidad y que el Santo Ángel nos proteja a todos. ¡Viva España!
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