lunes, 11 de enero de 2021

Hoy, sigue presente

Hoy recordamos al Inspector de Policía José Manuel Baena Martín, que caía muerto en cumplimiento el deber, tras un enfrentamiento con miembros de la banda terrorista, marxista y antiespañola ETA, el día 11 de enero de 1978 en Pamplona. 

El Inspector José Manuel Baena, que pertenecía a la Brigada de Información de la Policía de Pamplona, murió en un enfrentamiento a tiros con terroristas del grupo Nafarroa de ETA, durante la inspección de un piso franco en Pamplona en el que se sospechaba que se ocultaban miembros de la banda. Alrededor del mismo, en el número 77 de la calle San Jorge de Pamplona, se estableció un dispositivo policial con el objetivo de capturar a varios presuntos miembros de ETA militar. 

Inspector José Manuel Baena Martín


En torno a las 15:30 horas del 11 de enero de 1978, y en el marco de la operación de inspección del piso, se produjo un tiroteo entre la Policía y dos miembros de ETA que entraban en el inmueble. El intercambio se saldó con tres muertos: dos etarras Mariano Pérez de Viñaspre Churruca y Ceferino Sarasola Arregui y el inspector de Policía José Manuel Baena, que falleció en el acto tras recibir el impacto de numerosos disparos. Además, varios transeúntes resultaron heridos y tuvieron que ser trasladados a diferentes centros hospitalarios. 

A las doce del mediodía del día 13, en la iglesia de San Miguel, se celebró el funeral por el alma del inspector Baena Martín. Desde el Gobierno Civil, situado a pocos metros de la iglesia, el féretro del policía envuelto en la Bandera Nacional, fue trasladado a hombros de sus compañeros hasta San Miguel, seguido por varios jeeps de la Policía Armada, que portaban un total de dieciséis coronas de flores, entre las que destacaba la enviada por el ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa. No acudió al funeral, como estaba previsto, el director general de Seguridad, Mariano Nicolás, ni el subdirector general, José Sáinz, debido al mal estado de las carreteras. 

La ceremonia religiosa fue oficiada por seis sacerdotes y presidida por el capellán castrense Luis Arroyo. Durante la homilía, el padre Arroyo se refirió a la necesidad de sanear las conciencias españolas, precisando que “la paz no se puede lograr ni con promesas ni con confesiones. Se necesita de la energía, con posturas claras. Para que los grupos extremistas y sediciosos se lo piensen dos veces antes de actuar. Nadie sabe la abnegada labor de estos hombres, que tiene mucho más de vocación que de profesión”. 

A la salida del funeral -al que asistieron los gobernadores civil y militar de Navarra, el vicepresidente de la Diputación Foral y el alcalde en funciones de Pamplona- el público, que había llenado completamente la iglesia, aplaudió fuertemente cuando el féretro fue sacado a hombros por compañeros del Cuerpo General de Policía. Se oyeron numerosos Vivas a España, a la policía, y gritos de Ejército al Poder y ETA, asesina. 

El féretro del inspector Baena fue introducido en un furgón mortuorio que partió inmediatamente hacia Madrid. 

A las once y media de la noche llegaron por carretera a Madrid los restos mortales del inspector Baena, acompañados por sus familiares y por funcionarios de la plantilla de policía gubernativa de Pamplona. En distintos puntos de la carretera entre Alcalá de Henares y la entrada a Madrid esperaban más de un centenar de coches patrulla que dieron escolta a la comitiva fúnebre hasta la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol, donde quedó instalada la capilla ardiente. La comitiva atravesó la ciudad con las sirenas y los lanza destellos conectados. A la entrada del féretro en la Dirección General de Seguridad, los compañeros del inspector Baena dieron vivas a España y a la policía. El ministro del Interior visitó la capilla ardiente, en la que prestaron turnos de vela miembros de las distintas fuerzas de orden público. 

A las diez de la mañana del día siguiente se ofició una misa corpore insepulto en el salón de Canalejas de la propia Dirección General. Se encontraban presentes el Sub secretario del ministerio del interior, Eduardo Navarro, el director general, Mariano Nicolás, el subdirector, José Sainz, comisarios generales, jefes de la Policía y Guardia civil y otras representaciones de las fuerzas de orden público. Asistieron también familiares y unos quinientos compañeros de la víctima. 

La misa fue seguida con absoluto silencio y sólo al terminar una persona gritó ¡Viva España! y ¡Vivan las fuerzas del Orden Público! que fue contestado con un sonoro ¡Vivan! por los asistentes. Después de que miembros de la policía y Guardia Civil desfilaran ante el cadáver del inspector Baena, hacia las doce del mediodía el féretro de José Manuel, envuelto en la Bandera Nacional, fue conducido a hombros hasta el furgón para su traslado a Barajas, de donde salió por vía aérea hacia Las Palmas después de las cinco de la tarde. 

Una fina llovizna recibió en el aeropuerto de Las Palmas los restos mortales del inspector de policía José Manuel Baena muerto en un enfrentamiento con terroristas en Pamplona. Miles de personas se dieron cita ante el Gobierno Civil donde quedó instalada la capilla ardiente, desde la llegada de los restos del inspector hasta el momento de su entierro. En el propio Gobierno civil se ofició una Misa de corpore in sepulto, finalizada la cual un compañero del policía fallecido gritó: ”José Manuel Baena, tus compañeros de Pamplona y el pueblo canario no te olvidan. ¡Viva España!”, lo que fue contestado unánimemente por el público presente. A la salida del ataúd del servidor del orden público, llevado a hombros por sus compañeros y envuelto en la Bandera de España, el público exteriorizó su homenaje al policía muerto con gritos a favor de la unidad de España, vivas a la policía y grandes aplausos. 

José Manuel Baena Martín era natural de Granada, aunque residente en Las Palmas, donde fue inhumado. El padre de José Manuel, general retirado del Arma de Infantería del Ejército de Tierra, se enteró por la radio de la muerte de su hijo, igual que la esposa de la víctima. Tenía 31 años, estaba casado y el matrimonio tenía tres hijos, la menor nacida apenas una semana antes de su muerte. 

¡¡Dulce et decorum est pro patria mori!! 

6 comentarios:

  1. Extraído de notas necrológicas recopiladas y que me parecen de interés menciono los siguientes hechos:

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  2. Manifestaciones del padre de Juan Pérez Vinastre a la hora de recoger el cadáver de su hijo, militante de ETA muerto en el tiroreto.

    "Puede que perteneciese a ETA. No lo sé. Lo que yo creo M que no llevaba armas". El hermano del otro asesino manifestó lo siguiente:

    "Hacía dos años y medio—dijo—que mi hermano vivía en Pamplona, donde había realizado diversos trabajos, el último en un almacén de muebles".....

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  3. Aparte de estos comentarios espurios y maliciosos, reservo el último comentario para honrar la memoria de nuestro héroe y compañero y reclamo para todos las palabras de su padre:

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  4. Parece que está dormido. Si yo me llevo el cadáver de mi hijo es porque lo quieren las, mujeres. Yo quería dejarlo aquí con un gran monumento para vergüenza de Pamplona." A continuación, acompañado de dos personas, el padre del inspector salió de la sala.

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  5. Palabras que deberían resonar hoy en día en la conciencia de todos.

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  6. En mis tres años de servicio en Pamplona honré a este compañero como se merece, incluso con alguna comisión en la calle San Jorge.

    ¡¡Dulce et decorum est pro patria mori!!

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