sábado, 4 de abril de 2026

La Semana Santa coruñesa de 1959

Fue en esta Semana Mayor de finales de la década de los cincuenta cuando coincidieron, por última vez, en las calles de nuestra ciudad, las vistosas procesiones de “El Cristo de la Agonía y Nuestra Señora del Mayor Dolor”, en la noche de Miércoles Santo, y la del “Dolor”, la noche de Jueves Santo, dos citas tradicionales de la Semana Santa coruñesa que, sin embargo, dejarían poco después de procesionar por las calles de Marineda.

Aquella Semana Santa, que daría paso al inicio de la llamada “década prodigiosa”, tuvo un mal comienzo, ya que, la popular y populosa procesión de Nuestra Señora de los Dolores, no saldría a la calle el viernes anterior al Domingo de Ramos a causa de la lluvia que no permitió que realizase su tradicional estación de penitencia.

Cristo atado a la Columna que participó en aquella Semana Santa

Sin embargo, en aquella ocasión no se cumpliría, al menos en parte, el viejo dicho coruñés que dice que “si no sale la procesión de los Dolores, no sale ninguna”, ya que una parte de las previstas desfilaron, los días siguientes, por las calles de La Coruña.

Prueba de que este viejo decir coruñés no se cumplió al pie de la letra, lo tenemos en el hecho de que, además de las diferentes procesiones de palmas que, partiendo desde diversos templos, recorrieron las calles aledañas el Domingo de Ramos, aquella misma tarde, desde la Orden Tercera, partió la procesión del Nazareno, todo un clásico en la Semana Mayor coruñesa.

El reloj marcaba las ocho de la tarde de aquel 22 de marzo, cuando, desde el templo de la V.O.T. en plena Ciudad Vieja, salió el desfile procesional en el que figuraban los pasos de “Jesús Nazareno” y la “Dolorosa”, acompañados de multitud de fieles.

El cortejo procesional recorrió diferentes calles de la Ciudad Vieja, así como otras de la Pescadería ante miles de personas que ocupaban la totalidad del itinerario previsto, en tanto que muchos de los edificios se encontraban engalanados con colgaduras y banderas nacionales.

Camino delo Calvario de la procesión del Encuentro que aquel año no salió

Las dos imágenes participantes, alumbradas por gran cantidad de fieles, iban escoltadas por efectivos de la Guardia Civil y de los Cuerpos de la guarnición de la plaza coruñesa, cerrando el cortejo la Banda de cornetas y tambores de la Agrupación de Transmisiones nº 8, acuartelada en el cuartel de Alfonso XII o de Atocha.

La siguiente cita procesional se registró en la noche del 25, Miércoles Santo, saliendo a la calle la procesión más vistosa de cuantas se organizaban en La Coruña: la del “Cristo de la Agonía y Nuestra Señora del Mayor Dolor”, organizada por una Cofradía residente en la iglesia de San Jorge que, pese a lo reciente de su creación, tan solo dos años antes, gozaba de mucho predicamento entre los coruñeses, debido a su elegancia, a la vistosidad de sus cofrades, a la pulcra organización y, sobre todo, a lo novedoso de su concepción.

A decir tanto de la prensa como de los coruñeses de la época, se trataba de la procesión más vistosa e innovadora de cuantas salieron a las calles de nuestra ciudad durante muchos años, siendo seguido su procesionar por cientos de personas.

Al parecer, la génesis del proyecto está íntimamente relacionada con la iniciativa de algunos Oficiales de la guarnición, suponemos que de origen ajeno a nuestra ciudad, que se encontraban, por entonces, destinados en la plaza de La Coruña, que dieron los pasos necesarios para hacerlo realidad.

La primera novedad de aquella vistosa procesión, además del tamaño e impronta de los tronos, venía dada por el color de los hábitos de los congregantes. Cada tercio, que acompañaba a las imágenes participantes, vestía un hábito distinto y así, los había crema con capirotes verdes, color que abría el cortejo; negros con capuchón morado que acompañaban el “paso” del “Ecce Homo”; negros con capirote rojo con “Jesús atado a la columna”; hábito negro y antifaz rojo acompañando la imagen del Cristo crucificado y blancos con capirote azul con el “paso” de la Virgen. Este derroche policromático venía a poner el contrapunto a los monocromáticos de color negro y capa roja, tradicionalmente vestidos por la Congregación de los Dolores, y a los blancos y negros vestidos por los cofrades de la Hermandad de San Juan Evangelista.

En cuanto a las imágenes participantes, en la salida de 1959, lo hicieron “Jesús atado a la Columna”, escoltado por la Guardia Civil; el “Ecce Homo” por la Armada; el “Cristo de la Agonía”, a hombros de Soldados de la guarnición, con escolta de la Policía Armada, y “Nuestra Señora del Mayor Dolor”, bajo palio, con escolta de la Agrupación de Transmisiones nº 8; todos ellos acompañados no solo por los cofrades, vestidos con sus vistosos hábitos, sino también por muchas coruñesas vistiendo la tradicional Mantilla Española.

Santa María Magdalena que participó en la procesión de la Soledad

En esta procesión, a cuya cabeza figuraban jinetes con los estandartes de los diferentes Tercios de la Cofradía, participaron las Bandas de Cornetas y Tambores del Regimiento de Artillería nº 48 de C.E., de la Agrupación de Transmisiones nº 8 y la Banda y la Unidad de Música del Regimiento de Infantería “Isabel la Católica” nº 29.

Por causas que ignoramos, esta procesión no volvería a salir hasta 1962, año en que lo haría por última vez.

Por estos años era costumbre, llegados los días grandes de la Semana Santa, restringir la circulación rodada por una buena parte de la ciudad, motivo por el cual el Ayuntamiento emitía el Bando correspondiente, señalando todas las circunstancias de esta limitación que se cumplían al pie de la letra.

A las doce de la noche del día siguiente, Jueves Santo, de la R.I. Colegiata de Santa María del Campo, salió la procesión del “Dolor”, cuya Cofradía, la de San Juan Evangelista, había sido creada en 1944, formada mayoritariamente por jóvenes del Frente de Juventudes y de Acción Católica.

En esta procesión desfilaban tres “pasos”, “el Prendimiento”, conocido en La Coruña como “el beso de Judas”, y la “Oración en el Huerto”, ambas del imaginero santiagués José Rivas, y el Cristo crucificado, de la mitad del siglo XVII, atribuido a Pedro de Mena.

Cientos de jóvenes, muchos de ellos con hábito blanco y capirote negro, acompañaron las imágenes en su discurrir, en completo silencio, solo roto por los cánticos religiosos de los penitentes, por el largo itinerario que describía aquella procesión, a cuyo paso el alumbrado público se apagaba para conferir mayor dramatismo al momento.

Esta procesión tuvo su última salida en la Semana Santa de 1960, ignorando el motivo de su desaparición y, con ella, también se perdieron para siempre los dos pasos del imaginero José Rivas de los que desconocemos su paradero, ignorando si fueron a parar a otra localidad o, simplemente, la falta de mantenimiento se los llevó por delante.

Como era costumbre en estos días centrales de la Semana Mayor, las primeras autoridades, civiles y militares, concurrieron a los Santos Oficios, celebrados en los distintos templos coruñeses que también se vieron adornados con la presencia de muchas jóvenes vistiendo la tradicional Mantilla Española.

Sin embargo, el panorama meteorológico cambio radicalmente en la jornada del día 27, Viernes Santo, en que la lluvia impidió la salida procesional, en la mañana de ese día, del “Encuentro” o “Tránsito” desde la iglesia de San Nicolás, y del “Santo Entierro”, en la tarde de esa misma jornada, desde la VOT de San Francisco.

La vistosa procesión del “Encuentro”, organizada por la Cofradía de los Dolores, la primera en vestir a sus cofrades con hábito y antifaz desde 1927, gozaba de mucha devoción en La Coruña. Generalmente, en ella participaban dos Bandas de cornetas y tambores de los Cuerpos de la guarnición, acompañando los pasos de la “Verónica”, “San Juan”, “Jesús camino del Calvario” y “Nuestra Señora de los Dolores”, de gran devoción en La Coruña.

La lluvia también impidió que, por la tarde, saliese de la Orden Tercera la procesión del “Santo Entierro”, la más oficial de cuantas se celebraban en nuestra ciudad, que concitaba la presencia de la primeras Autoridades civiles y militares, comisiones y representaciones y una Compañía, con armas a la funerala, del Regimiento de Infantería “Isabel la Católica” nº 29, con guarnición en La Coruña, con Bandera, sujeta con corbata negra, Banda de cornetas y tambores, Escuadra de Gastadores y Unidad de Música.

En esta procesión estaba prevista la salida, además del paso de la “Urna”, de las imágenes de “Santa María Salomé”, la “Magdalena”, “San Juan” y la “Virgen de la Soledad”.

El cortejo, acompañado por muchos hombres y jóvenes, discurría por la Ciudad Vieja y por el centro de la ciudad, ante la presencia de miles de coruñeses que ocupaban las calles de su itinerario.

Igual que el día anterior y el siguiente, las Banderas ondeaban a media asta; las tropas, con uniforme de gala, prestaban las guardias de prevención con las armas a la funerala; algunos edificios se adornaban con reposteros y colgaduras con crespones negros e, incluso, los grandes faroles del regio edificio del Banco Pastor, en pleno Cantón, se cubrían con telas negras.

Por fin, la lluvia dio una tregua y la procesión de la “Soledad”, conocida en La Coruña como “Os Caladiños”, pudo realizar su estación de penitencia en la tarde del Sábado Santo, día 28, siendo acompañada por muchas mujeres vistiendo la tradicional Mantilla Española y por la Banda de cornetas y tambores de la Agrupación de Transmisiones nº 8.

Tradicionalmente, en esta procesión tan solo desfilaba la imagen de la “Soledad”, de ahí el nombre del cortejo procesional; sin embargo, por lo que señala la prensa, y tal vez por el hecho de que la tarde anterior no pudo salir la procesión del “Santo Entierro”, en esta del Sábado Santo salieron algunas imágenes cuya salida estaba prevista para el día anterior.

Por lo que refiere la prensa local, en aquella procesión, última de la Semana Mayor, participaron, acompañando a “Nuestra Señora de la Soledad”, las imágenes de “San Juan”, la “Magdalena” y la “Verónica” -creemos que esta última se trata de un error, y que realmente se refiere a “Santa María Salomé”, imagen que se custodiaba en la Orden Tercera, al contrario que la de la “Verónica” que lo hacía en la iglesia de San Nicolás-. En cualquier caso, una excepción en esta procesión en la que, tradicionalmente, tan solo figuraba el paso de la “Soledad”.

Y así fue aquella Semana Santa, última de la década de los cincuenta, en la que el declive de los desfiles procesionales coruñeses comenzaría a hacerse patente

Eugenio Fernández Barallobre.

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