No les bastó sólo con asesinarlo, sino que profanaron su tumba descuartizando y quemando su cuerpo siguiendo ritos conforme a la sura 85, denominada de Las Constelaciones Zodiacales, que en su apartado diez reza literalmente: «Sin duda que los que provoquen a los creyentes y a las creyentes y nunca se arrepientan, ¡tendrán por castigo el Ardentísimo, y tendrán la condena de la incineración!».
No les bastó sólo con asesinarlo, sino que profanaron su tumba descuartizando y quemando su cuerpo siguiendo ritos conforme a la sura 85, denominada de Las Constelaciones Zodiacales, que en su apartado diez reza literalmente: «Sin duda que los que provoquen a los creyentes y a las creyentes y nunca se arrepientan, ¡tendrán por castigo el Ardentísimo, y tendrán la condena de la incineración!».
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