Del boletín "Emblema" de enero, tomamos este trabajo de nuestro buen amigo y compañero el Inspector Jefe (R) Eloy Ramos Martínez.
A José Luis Ramírez Villar le faltaba apenas un día para cumplir los veinte años cuando fue asesinado. Estaba soltero y tenía dos hermanos. Natural de Madrid, era estudiante y le correspondía licenciarse el 13 de junio de 1981. Gran deportista jugaba al baloncesto y al rugby.
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| El General Esquivias Franco |
Cinco meses antes, en octubre de 1979 se había incorporado como voluntario al Servicio Militar siendo destinado a la Agrupación de Tropas del Cuartel General del Ejército como policía militar. Sus familiares y amigos dirían que pensaba ingresar en la Policía.
El 18 de marzo de 1980, José Luis Ramírez tenía como misión dar escolta al general del Ejército de Tierra Fernando Esquivias Franco, a quien esperaba a la salida de su domicilio en la calle Ayala, de Madrid para acompañarle hasta su lugar de trabajo. Uniformado y con el casco blanco, típico de la Policía Militar, paseaba por la acera frente a la vivienda del general, vigilando la zona mientras esperaba la llegada del Fernando Esquivias.
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| Soldado José Luis Ramírez Villar |
A las 9,30, un poco más tarde de lo acostumbrado, el citado general salió a la calle acompañado por su ayudante, el teniente coronel Manuel Mier Hidalgo. Tras dirigirles el saludo reglamentario, el soldado Ramírez caminó por delante de los dos mandos hacia el lugar donde esperaba el coche oficial en el que se trasladarían hasta el Cuartel General del Ejército en la Plaza de La Cibeles.
Debido a unas obras que se realizaban desde un tiempo antes en la calle del domicilio del general el coche lo aparcaba el chófer en la calle Ayala, esquina a General Mola.
El entonces jefe del comando Argala Juan Lorenzo Santiago Lasa Michelena, “Txikierdi”, había facilitado al comando capitaneado por Henri Parot, la información sobre el domicilio del general Esquivias. Los etarras, como siempre, se habían desplazado previamente a Madrid para verificar los datos y conocer el terreno. Una vez impuestos en las circunstancias decidieron perpetrar el atentado colocando un explosivo en la mochila de una motocicleta previamente robada y que habían dejado atada a una farola en la acera por la que diariamente pasaban los tres militares.
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| Los miserables asesinos. Parot y Lasa |
Esta era en realidad la tercera ocasión en que lo intentaban pues en las dos anteriores tuvieron que desistir por diversas causas.
Esta vez lo lograron. Henri Parot subido a otra motocicleta, activó el explosivo con un mando a distancia cuando los tres militares se aproximaban a la moto en la que estaba el explosivo.
El soldado Ramírez se hallaba exactamente junto a la farola a la que se encontraba atada la motocicleta con la bomba cuando se produjo la detonación.
Recibió de lleno el impacto de la deflagración, que apenas hirió levemente al general Esquivias y al teniente coronel Mier, así como al chófer. Las tremendas heridas recibidas le ocasionaron la muerte inmediata.
El general Esquivias Franco, objetivo de los terroristas, era director de Apoyo al Material en la Dirección General de Apoyo Logístico del Cuartel General del Ejército.
La capilla ardiente quedó instalada por la tarde en el Cuartel General del Ejército, donde, al día siguiente se celebró un funeral presidido por las más altas autoridades militares. Fue leída una Orden del Ministerio de Defensa por la que se concedía al soldado fallecido la Cruz de la Orden del Mérito Militar con distintivo blanco, de cuarta clase, que fue colocada encima del féretro por el jefe del Estado Mayor general Gabeiras.
Henri Parot fue condenado en la sentencia número 10 del 5 de marzo de 1991 de la Sección Tercera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional a una pena de 30 años de reclusión mayor por el asesinato de José Luis Ramírez y a dos de 25 años por sendos asesinatos frustrados. Asimismo, debía indemnizar a los herederos del policía militar con veinte millones de pesetas, que no abonó al declararse insolvente, .
Juan Lorenzo Santiago Lasa Michelena, a su vez fue condenado por la sentencia número 11 del 11 de marzo de 1993 dictada por la Sección 3ª de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, en concepto de autor del atentado, a 30 años de reclusión mayor por el asesinato consumado y a dos de 25 por sendos asesinatos frustrados, además del pago de la aludida indemnización solidariamente con Parot, a los herederos de la víctima.
Eloy Ramos Martínez.




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