sábado, 9 de diciembre de 2023

Los Jefes indígenas de la Guinea Española: auxiliares de la Policía Gubernativa

Del boletín "Emblema" de diciembre, tomamos este interesante trabajo de Javier de Granda Orive.

Determinaba Iglesias de la Riva[1] que todos los países coloniales habían desarrollado influencia en sus posesiones de ultramar utilizando la «genuina organización y la autoridad natural proveniente de las instituciones autóctonas», es decir, asegurándose la fidelidad y colaboración de los jefes indígenas mediante la concesión de privilegios y utilizando su ascendiente natural sobre sus connaturales, se lograba de estos la aceptación y acatamiento de las normas y directrices emanadas del gobierno colonial imponiendo, de esta manera, el sistema político, económico y legislativo desarrollado por la metrópoli de una manera gradual, pacífica y continuada.

Placa de Jefe indígena de la época de Franco (col. del autor)

En España, a pesar de que el primer nombramiento de un jefe indígena había sido realizado en favor de Fernando Boncoro como jefe del distrito de cabo San Juan el 23 de julio de 1858 ─año en que se hizo efectivo el dominio de España sobre Guinea─, la utilización de esta política colonial no comenzó hasta principios del siglo XX.

Fue el decreto sobre división territorial de 1907[2] el primero que se ocupó de la figura del jefe indígena al establecer que los delegados de los distritos y los subgobernadores debían estudiar el carácter e importancia de los jefes de tribus y pueblos para otorgarles su nombramiento y lograr, mediante su colaboración, el trabajo y cumplimiento de las disposiciones coloniales por los indígenas de sus pueblos. Se determinaba también que como símbolo de autoridad los jefes utilizarían una lanza de 1,60 metros con una bandera de España en la punta de 30 cm. de larga y 15 cm. de ancha.

El reglamento de armas de 4 de marzo de 1907 permitió el uso de fusiles de chispa y pólvora, como un privilegio, a aquellos jefes indígenas que más se distinguieran y probaran su amor a España y a los que mejor cumplimentaran las disposiciones de la autoridad colonial.

El 28 de mayo de 1907 se dictaron unas instrucciones para los jefes de tribus y de pueblos en las que entre otras medidas se determinaba que eran responsables de cuanto ocurriera en su demarcación y que debían dar cuenta de todos los sucesos a la autoridad competente. Dentro de sus obligaciones se incluía también la de conducir a presencia de las autoridades coloniales a los indígenas que cometieran asesinatos, robos u otros desmanes así como también a los que no acataran su autoridad y les desobedecieran. Aparece, por tanto, por primera vez, su condición de auxiliares de la policía. Como en el decreto de división territorial se establecían también las lanzas con la bandera de España como símbolo de autoridad de los jefes pero distinguiendo, según su longitud, entre jefes de tribu y jefes de pueblos: 2 metros para los primeros y 1,60 metros para los segundos.

Víctor Suances Díaz del Río saludando a los Jefes indígenas del continente (Bioko.net) 

En 1926, como consecuencia de una visita del gobernador a la zona continental española y comprobar que las jefaturas indígenas habían crecido enormemente habiendo jefes que solo tenían bajo sus órdenes a tres o cuatro familias, se dispuso que en adelante el nombramiento de los jefes correspondería en exclusiva al gobernador en propiedad a propuesta de los subgobernadores[3].

En 1928 el presupuesto de las posesiones españolas del África occidental organiza la Policía Gubernativa del territorio segregándola de la Guardia Colonial que hasta entonces, y desde 1908, ejercía estas funciones. En 1933[4] se dictó un amplio reglamento de la Policía Gubernativa guineana, importante texto que vino a regular la composición y funciones de este órgano[5]. Su artículo 5 determinaba que los jefes de poblado, de barrio rural o de grupo indígena, nombrados por el Gobierno General, tenían la consideración de auxiliares de la policía estando, por tanto, obligados a denunciar en las inspecciones de policía los delitos o faltas de que tuvieran conocimiento y a adoptar, de momento, aquellas disposiciones que en caso de notoria urgencia fueran precisas. Su actuación cesaba en el preciso momento en que se presentara un funcionario de policía o autoridad judicial, entregándoles las diligencias instruidas, el cuerpo del delito y los detenidos, si los había.

En 1936, a instancia de los propios jefes indígenas y, subsanando el olvido del Gobierno General hasta ese momento y que iba en detrimento de la dignidad y moral de los jefes, se resuelve otorgarles un uniforme como ocurría en el resto de las colonias europeas[6]. Se adoptó un traje blanco de guerrera cerrada con botones dorados con el escudo de la República, una placa de jefe colocada en el costado derecho —facilitada por el Gobierno General—, pantalón blanco sin vuelta y salacot del mismo color. A la guerrera, en abril de 1936, se le añadieron hombreras de paño verde con un galón dorado de 1 cm. de ancho y 6 cm. de longitud cuando se trataba de segundos jefes y dos galones con la misma medida para los primeros jefes. Con posterioridad a la Guerra Civil española los jefes indígenas continuaron portando este uniforme pero sustituyendo el salacot por una gorra de plato similar a la de los oficiales e instructores de la Guardia Colonial y llevando la placa acreditativa de su autoridad por encima del bolsillo izquierdo de la guerrera. Sequera, que estuvo destinado en Guinea entre 1964 y 1966, nos cuenta que los jefes indígenas «vestían mejor que el resto de la tribu, llevando sin uniformidad alguna lo mismo una chaqueta que una especie de guerrera (tal vez las primeras saharianas), sin darle importancia al resto de la vestimenta, y, si bien se distinguían por una chapa que llevaban sobre el bolsillo izquierdo con el nombre de su poblado o tribu, su verdadera personalidad y orgullo radicaba en la prenda de cabeza»[7].

En definitiva, para la sección de vigilancia de la Policía Gubernativa, siempre escasa de personal, fue de gran ayuda la colaboración de los jefes indígenas que, denunciando los delitos o faltas cometidos en su demarcación, facilitaban su actuación y permitían, además, cubrir prácticamente todo el territorio colonial.

Notas

[1] IGLESIAS DE LA RIVA, Antonio: Política indígena en Guinea, Instituto de Estudios Africanos, 1947.

[2] Decreto del Gobierno General de 22 de febrero de 1907.

[3] Nombramiento de jefes de 10 de julio de 1926. Aun así, según datos obtenidos por Iglesias de la Riva, en 1940 el número de primeros jefes solo en el continente alcanzaba la cifra de doscientas once personas.

[4] Reglamento de policía gubernativa de 20 de mayo de 1933.

[5] Ver GRANDA ORIVE, Javier de: «La Historia de la policía gubernativa de Guinea» en Policía Nacional, nº352, marzo de 2021.

[6] Órdenes de 30 de enero y 15 de abril de 1936.

[7] SEQUERA MARTÍNEZ, Luis de: Poto, poto. Las tropas de guarnición en los territorios españoles de Guinea, Ministerio de Defensa, Madrid, 2006.

Javier de Granda Orive

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