viernes, 25 de marzo de 2022

El empleo de Suboficial en el Cuerpo de Seguridad (1920-1931)

De la revista "Policía", correspondiente al mes de enero, tomamos este interesante y documentado trabajo de nuestro buen amigo, compañero y colaborador, el Subinspector Alberto Táboas Hermida.

Desde su creación en 1877 hasta su desaparición en 1939, la estructura del Cuerpo de Seguridad sufrió numerosas transformaciones al compás de los avatares de esas seis décadas, quizás las más convulsas de la Historia contemporánea de nuestra nación. De todos los elementos estructurales y orgánicos que conformaron aquella institución policial, uno se mantuvo especialmente intacto: la división del Cuerpo en tres escalas; la de clases y guardias, por un lado, y las de oficiales y de jefes por otro. La seña de identidad de la primera es que estaba compuesta íntegramente por policías del propio Cuerpo; y frente a ella, los integrantes de las escalas de oficiales y jefes eran, inexcusablemente, miembros de las mismas escalas del Ejército o de la Guardia Civil que pasaban al Cuerpo de Seguridad de forma temporal, como un destino más de su carrera profesional, hasta que se reintegraban a sus institutos de origen.

Los policías del Cuerpo de Seguridad, al igual que los soldados del Ejército y los números de la Guardia Civil, reivindicaban una carrera profesional más dilatada, que hasta 1912 se limitaba a cuatro empleos: policía, policía de primera, cabo y sargento. Y la reclamaban, en última instancia, como paso previo al acceso a la escala de oficiales y con ella al mando superior de un cuerpo que, según muchos de ellos, debía abandonar la esfera puramente castrense para seguir un rumbo propio más independiente, más especializado, y más profesionalizado, al estricto servicio del poder civil.

La creación del empleo de suboficial y su implementación en el Cuerpo de Seguridad.

Desde su creación en 1877 el Cuerpo de Seguridad se definía como una institución que, sin ser estrictamente militar, estaba “organizada a imitación de los cuerpos militares” tal y como recogía su primer reglamento, especialmente en lo referente a estructura de mando, nomenclatura de empleos y diseño de divisas que, en todo, resultaban idénticas a las del Ejército, y cualquier modificación de éstas tenía su trasposición a las de la policía uniformada si no de forma inmediata, sí en un plazo razonablemente breve.

Conforme a esto, en 1912 se reforma la escala de clases y tropa del Ejército, que quedaba funcionalmente separada en dos categorías: la primera, integrada por soldados, soldados de primera y cabos; y la segunda, conformada por los empleos de sargento -ya existente- al que se le añadían el de brigada y de suboficial. Suprimido el segundo en 1918, en 1920 el empleo de suboficial pasaría a implementarse también en el seno de la Guardia Civil y del Cuerpo de Carabineros mediante Real Decreto del Ministerio de la Guerra, y en el Cuerpo de Seguridad a instancias del ministro de Gobernación.

Afirmaba dicha ley que estos suboficiales tendrían “como misión primordial la de facilitar la gestión del mando, llenándose así la necesidad de disponer de categorías intermedias o de enlace entre el oficial y las demás clases”. Su divisa consistiría en “dos galones de panecillo de oro o plata, de 12 mm de ancho, colocados longitudinalmente en la bocamanga (…) sobre una tira de paño (…) que deberá ser de los mismos vivos del uniforme”.

Un reglamento aprobado a finales de 1912 desarrollaba más detenidamente las funciones de los suboficiales, a los que aproximaba, más en prerrogativas que en cometidos, a los empleos inferiores de la escala de oficiales: los conocidos como oficiales subalternos o, simplemente, subalternos. Así, disfrutaban del tratamiento de don, disponían de un cuarto reservado e individualizado para su pernocta en el cuartel -de la que estaban dispensados-, recibían el saludo del resto de empleos de la tropa, y usaban sable y uniforme muy similar al de oficial -lógicamente con las divisas arriba referidas-, al que sustituían en caso de vacante o enfermedad.

Más allá de esta eventual sustitución de la oficialidad, los suboficiales se constituyeron como un empleo de asistencia al mando en aspectos fundamentalmente organizativos y administrativos. El anteriormente mencionado reglamento de 1912 confirmaba que su cometido fundamental era “auxiliar el desempeño de los servicios de las oficinas, así como los administrativos de raciones y utensilios y los de policía y cuidado del cuartel” y, en lo demás, los equiparaba en todo cometido a los sargentos, de los que se constituían no como empleo aparte, sino simplemente superior o -quizás más exactamente- más caracterizado o especializado.

Cometidos de los suboficiales del Cuerpo de Seguridad.

Implementado el empleo de suboficial en el Cuerpo de Seguridad en 1920, el reglamento orgánico de policía de 1930 vino a atribuirles una serie de cometidos específicamente relacionados con el servicio policial pero, con las excepciones que se verán más adelante, en total equiparación con los sargentos: “Siendo idéntica la misión encomendada en el Ejército a los suboficiales y a los sargentos, de un modo análogo en el Cuerpo de Seguridad desempeñarán ambos las mismas funciones, salvo la mayor categoría de los primeros sobre los segundos”.

La primera de ellas era sustituir al oficial superior en caso de ausencia o enfermedad, “por cuyo motivo han de estar muy impuestos en las obligaciones de estos”. Junto a esto, el reglamento les atribuía un cometido esencial en el desarrollo de la actividad policial: ejercer como comandantes de las prevenciones policiales, puestos de servicio permanente en torno a los que articulada su actividad el Cuerpo de Seguridad, especialmente en las grandes ciudades, y que daban apoyo a las inspecciones del Cuerpo de Vigilancia en sus cometidos. El reglamento orgánico de policía se refería a ellas como “el punto de partida de la acción de la Policía de Seguridad” y estaban integradas por “un suboficial o sargento, un cabo, un ciclista, un corneta y tres guardias, por lo menos, los cuales responderán del orden interior, de la seguridad de la misma, de la custodia de los detenidos y de los efectos depositados en ella”.

Las obligaciones de los suboficiales respecto de las prevenciones policiales eran numerosas, y entre ellas destacan las siguientes:

1. Estar bien enterado de todas las obligaciones de sus subordinados, para hacerlas cumplir exactamente. Hacia ellos se les exigía explícitamente realizar una “distribución justa y equitativa” de los servicios, así como ser “afable y cortés (…), pero sin darles confianza ni motivos para una familiaridad mal entendida, pues ello relaja la disciplina”.

2. Inspeccionar a los policías bajo su mando y que se dispongan a prestar servicio, anotando las faltas de puntualidad e informando al oficial superior de las altas y las bajas que se produzcan así de todas cuantas novedades ocurriesen, así como revisar el estado de las instalaciones de la prevención.

3. Llevar un libro-registro de los domicilios de todos los integrantes de la compañía, a fin de que en un momento dado sea fácil la concentración de toda o parte de la fuerza.

4. Tener perfectamente identificados y debidamente custodiados a los detenidos que se encuentren en la prevención, así como los objetos y pertenencias relacionados con los mismos, y cerciorarse de que “no pudiendo durar las detenciones más de veinticuatro horas sin ser puestos los detenidos a disposición de la autoridad competente, poco antes de expirar el plazo recordará el caso a la comisaría o inspección de Vigilancia, cuando hubiere algún individuo en dichas condiciones”.

5. Asegurarse de que los policías encargados de la custodia de los detenidos “estén atentos a las conversaciones y movimientos que realicen (…), para evitar cualquier sorpresa, intento de suicidio, fuga, deterioro de las puertas y efectos de los calabozos u otros excesos que no se deban tolerar”.

6. A la hora señalada para el relevo, el suboficial saliente y el entrante se harán cargo del local que ocupa la prevención, con todo el personal a sus órdenes, firmando además los libros correspondientes en los que se especificarán tanto el número de detenidos como los utensilios que queden bajo custodia, identificando a los primeros uno por uno con su filiación completa.

7. Atender a las necesidades del servicio y recibir las quejas, denuncias y reclamaciones de los particulares relativas al servicio de Seguridad.

8. Tener puntual y perfectamente informado al oficial jefe de la compañía de todas las novedades que se produzcan durante el servicio, que durará de forma ordinaria 24 horas, o el tiempo que sea necesario en caso de alteraciones graves del orden.

Pero sin duda su cometido más singularizado era el de estar al mando de lo que el reglamento de 1930 denominaba la Sección Especial, creada la década anterior. Constituida en Madrid, pero con movilidad por todo el territorio nacional, dicha sección estaba “encargada de prestar servicio de seguridad cerca de las personas de la Real Familia, en los distintos sitios a que acudan, siempre que salgan de Palacio”. Al frente, como se dijo, de un suboficial, estaba constituida también por un sargento, dos cabos y el número de policías que dispusiese la superioridad, y actuaba a las inmediatas órdenes del Capitán Ayudante del monarca.

Durante sus dos décadas de existencia, los suboficiales nunca constituyeron un empleo numeroso. Así, por los sucesivos escalafones publicados en la Gaceta de Madrid sabemos que en 1925 el Cuerpo de Seguridad contaba solamente con 48 suboficiales, destinados en Madrid, Málaga, Barcelona, Lorca, Jerez, La Coruña, Valencia, Alcoy, Murcia, Almería, Cádiz, Huesca, Vizcaya, Alicante, Santiago, Granada, Cartagena, Orense, Zaragoza, Canarias y Vigo. De todos ellos, sabemos además que ostentaban el mando natural de los destacamentos de Orense y de Huesca, actuando como asistentes del mando en todos los demás.

Seis años más tarde, en 1931, los suboficiales del Cuerpo ascendían a 46 de infantería, distribuidos en compañías de servicios locales y de especialidades, más otros 3 de caballería. Y en 1934 se mantienen los mismos suboficiales de infantería, los de caballería suman 4 y aparecen 41 nuevos suboficiales en las recientemente creadas compañías de asalto, lo que resulta ser un buen indicador de la creciente importancia y volumen que esta especialidad estaba cobrando en el seno del Cuerpo de Seguridad.

La creación del cuerpo de suboficiales en 1931.

Tras poco menos de 20 años, el empleo de suboficial sería el embrión de lo que, en 1931, poco después de proclamarse la II República, vendría a constituirse como cuerpo de suboficiales. El empleo de suboficial desapareció como tal del Ejército, que lo transformaba en una escala intermedia entre la tropa y la oficialidad, y quedaba en un primer momento constituida por cuatro empleos: sargento primero, brigada, subayudante y subteniente.

Lo esperable era que, como venía sucediendo hasta entonces, al poco tiempo esta reforma se implementase en aquellas corporaciones policiales cuya organización será de inspiración militar, como efectivamente lo era el Cuerpo de Seguridad. Y así pasó con la Guardia Civil, donde la nueva escala se introdujo en 1933, y en el Cuerpo de Carabineros, donde lo hizo un año más tarde. Pero nunca apareció en el Cuerpo de Seguridad, por razones que solamente se pueden conjeturar. Los sucesivos gobiernos republicanos, de todos los signos políticos, evitaron esta cuestión, algo que resulta difícilmente entendible considerando que uno de los motivos que llevaron al entonces ministro del Ejército, Manuel Azaña, a la creación de la escala de suboficiales fue la articulación de una pasarela de ascenso desde la tropa hacia la oficialidad, con el doble objetivo de democratizar y popularizar las escalas de mando de la institución castrense, y de diluir el sentimiento monárquico que, supuestamente, las impregnaba.

No sólo esa reivindicación existía también en el Cuerpo de Seguridad, sino que considerando el mayor protagonismo que fue adquiriendo en la gestión del orden público y el sostenimiento material del régimen republicano, las bondades democratizadoras y antimonárquicas de la reforma habrían tenido más urgencia dentro de la institución policial que en ningún otro cuerpo. El caso es que la reforma nunca se produjo, y se podrían esbozar al menos tres teorías al respecto:

1. El Cuerpo de Seguridad se consideraba más afín al régimen republicano, frente a la percepción popular que se tenía de la Guardia Civil y del Ejército, y no urgía dicha reforma. En este sentido, cabe recordar que, por decreto del Gobierno provisional de mayo de 1931, el ministro de Gobernación estaba facultado “para que pueda cubrir, por elección, las vacantes que ocurran de Oficiales del Cuerpo de Seguridad, sin sujetarse a turno u órdenes establecidos”, lo que sin duda permitía lograr la confección de un cuadro de mandos más leal.

2. El gobierno buscaba una reforma integral de la policía, más allá de la implementación de una escala de mando intermedia, que la singularizase más frente Ejército. En este sentido podría interpretarse el proyecto de reforma integral que en enero de 1935 propuso el ministro de Gobernación Eloy Vaquero Cantillo, que preveía una carrera profesional integral que permitiese el ascenso desde policía hasta el empleo de coronel.

3. La reforma simplemente no se produjo porque la insurrección de julio de 1936 se anticipó a la misma.

La Guerra Civil: dos modelos diferentes para los suboficiales.

Tras la frustrada reforma proyectada por el ministro Vaquero Cantillo, las polémicas elecciones de febrero de 1936 otorgaron una ajustadísima victoria al Frente Popular, que a los pocos meses tuvo que hacer frente a una insurrección militar que como es sabido se transformó en una larga y cruenta guerra civil. Como la propia España, el Cuerpo de Seguridad quedó dividido en dos zonas, en las que corrió suertes diferentes.

En la zona controlada por el Frente Popular adquirió un progresivo protagonismo desde los primeros compases de la insurrección, siendo en muchos casos determinante su actuación para sofocar la insurrección, como los conocidos casos de Madrid y de Barcelona, donde las compañías de Asalto del Cuerpo de Seguridad protegieron al gobierno tanto de los militares sublevados como de las pulsiones revolucionarias de una parte de los partidos políticos y organizaciones obreras que lo sustentaban.

En esta zona, el Cuerpo de Seguridad mantuvo misiones tanto en vanguardia como en retaguardia, terminó por absorber a la Guardia Civil -denominada para entonces Guardia Nacional Republicana- y sufrió las mismas transformaciones que el Ejército Popular de la República en lo concerniente a su reestructuración de escalas y empleos. Así, en octubre de 1936 en una profunda reorganización se suprime la escala de suboficiales primero del Ejército, luego de la aviación militar y de Carabineros, y a los pocos meses el ministro de Gobernación Julián Zugazagoitia hace lo propio con el Cuerpo de Seguridad “por no haber razón que justificase esta excepción”. Quedaba así extinguido en la zona republicana el empleo de suboficial en la policía, sin que como en el Ejército u otros institutos armados de organización militar hubiese llegado a desarrollarse como escala diferenciada del resto de la tropa.

Por el contrario, en la zona controlada por los militares sublevados, tras las primeras semanas de guerra y después de protagonizar hechos de armas tan notables como la defensa de Oviedo y su auxilio desde A Coruña, o la insurrección de Valladolid y Zaragoza, el Cuerpo de Seguridad fue progresivamente relegado a sus cometidos policiales naturales, llevando a cabo en retaguardia las funciones que le asignaba el reglamento orgánico de policía de 1930. Terminada la contienda el Cuerpo de Seguridad se transforma en la Policía Armada y de Tráfico, y de su nueva estructura orgánica desaparece el empleo de suboficial como clase de tropa en 1941 al convertirse, ahora sí, en una nueva escala de suboficiales, integrada en un primer momento por los empleos de sargento y brigada. Y sería precisamente aquí, en el Cuerpo de Policía Armada, donde se permitiría por primera vez a los policías ocupar, por promoción interna, los empleos de alférez, teniente, capitán y comandante, tras pasar por la escala de suboficiales, dando así satisfacción a una reivindicación histórica del colectivo.

BIBLIOGRAFÍA.

FERNÁNDEZ BARALLOBRE, E. (2021): Una historia de la Policía Nacional. Madrid: La Esfera de los Libros.

BALLBÉ MALLOL, M. (2020): Orden público y militarismo en la España constitucional (1812-1983). Madrid: Aranzadi.

FUENTES BÁSICAS.

BOLETÍN OFICIAL DEL ESTADO. “Gazeta: colección histórica”.

<http://www.boe.es/buscar/gazeta.php> [Consulta noviembre 2021].

COLECCIÓN LEGISLATIVA DEL EJÉRCITO.

<http://www.bibliotecavirtualdefensa.es/> [Consulta noviembre 2021]

Alberto Táboas Hermida.

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