De nuestro amigo y compañero Vicente Dalda, tomamos este interesante artículo sobre la situación que estamos viviendo.
Hay fotografías que valen más que mil discursos.
El informe del CENIF remitido a la Audiencia Nacional recoge imágenes de miembros de la Gendarmería marroquí durante la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta. Según los investigadores, agentes uniformados daban indicaciones y orientaban a los inmigrantes hacia determinados puntos de acceso, mientras otros, de paisano, actuaban como «dinamizadores» de la masa.
Y hay imágenes especialmente difíciles de explicar: gendarmes facilitando el paso y utilizando incluso camiones para favorecer la entrada.
Entonces surge una pregunta inevitable:
¿De quién depende la Gendarmería Real marroquí?
No hablamos de una policía que pueda actuar por libre. Es un cuerpo integrado en la estructura militar marroquí. Y su comandante, el general Mohamed Haramou, fue nombrado personalmente por Mohamed VI en diciembre de 2017.
Pero hay más.
En septiembre de 2019, España concedió a Haramou la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil, su máxima distinción. Fue propuesta por el entonces ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, aprobada por el Consejo de Ministros y entregada por el propio Marlaska.
Es decir: España condecoró con su máxima distinción al jefe del cuerpo cuyos agentes aparecen ahora señalados en un informe policial por su actuación durante la entrada masiva en Ceuta.
Y conviene recordar quién es Mohamed VI.
No es un monarca meramente ceremonial. La Constitución marroquí le atribuye un papel central: es jefe del Estado, Amir al-Mu'minin, preside el Consejo de Ministros, es jefe supremo de las Fuerzas Armadas y tiene amplias competencias en el nombramiento de altos cargos.
A ello se suma el enorme peso efectivo de la monarquía sobre las estructuras políticas, militares y de seguridad del país.
Marruecos no funciona como una monarquía parlamentaria europea en la que el rey reina pero no gobierna. Mohamed VI concentra un poder real y directo sobre las estructuras fundamentales del Estado.
Por eso la pregunta es inevitable:
¿Qué sabía Palacio?
¿Quién ordenó a esos gendarmes actuar? ¿Quién permitió que miles de personas se concentraran en la frontera? ¿Quién autorizó que fueran orientadas hacia Ceuta? ¿Quién facilitó el paso?
La dirección de la Policía española ha matizado que el informe no atribuye expresamente la autoría intelectual a Marruecos ni a una persona concreta.
Perfecto.
Entonces investiguemos. Pero hasta arriba.
Si fueron agentes actuando por iniciativa propia, que se explique. Si recibieron órdenes de mandos intermedios, que se identifique a quienes las dieron. Y si las instrucciones procedían de niveles superiores, que la investigación siga subiendo.
Porque conocemos la cadena:
Haramou fue puesto al frente de la Gendarmería por Mohamed VI. Y España le concedió su máxima distinción.
Si finalmente se acredita que el cuerpo que dirige participó deliberadamente en una operación para facilitar la entrada masiva en territorio español, el Gobierno debería responder:
¿Qué hace todavía la Gran Cruz de la Guardia Civil en el pecho de Mohamed Haramou?
Si los hechos se confirman, debería iniciarse el procedimiento para retirársela.
No sería una cuestión de protocolo. Sería una cuestión de dignidad institucional.
Gendarmes. Camiones. Miles de personas. Una frontera internacional.
Un general nombrado por el rey.
Un general condecorado por España.
Y una cadena de mando que conduce hasta Palacio.
Blanco y en botella.
Vicente Dalda.

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