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miércoles, 13 de mayo de 2026

Editorial de "Emblema" de mayo

Del boletín "Emblema" de mayo, tomamos su editorial. 

Con mucha tristeza e indignación seguimos asistiendo a la bochornosa y miserable puesta en libertad, tras cumplir una parte mínima de las condenas que les fueron impuestas, de los que durante años se dedicaron a asesinar, sistemáticamente, a muchos de nuestros compañeros –policías, guardias civiles y militares– y a otros españoles de bien por el simple hecho de servir a España.

Por ahí andan por la calle personajes siniestros y canallas como aquellos que asesinaron, por medio del cobarde tiro en la nuca o la colocación de una bomba, a muchos de nuestros compañeros a los que conocimos y compartimos con ellos incluso el tiempo de Escuela o Academia.

Cada día somos testigos de cómo esos canallas asesinos, al salir de las cárceles, son homenajeados en las calles de Vascongadas con el silencio cómplice de las Autoridades, más preocupadas por poner coto a quien se manifiesta a favor de la unidad de España o por la reivindicación de su historia real –no la inventada por esas leyes sectarias que tratan de reescribirla a su antojo-, que por impedir que la anti España tome las calles impunemente.

Sin embargo, tal vez de lo que no nos damos cuenta es del hecho de que, más allá de asegurarse los votos necesarios para seguir gobernando tras perder unas elecciones, todo obedece a un plan perfectamente diseñado que busca, en última instancia, la destrucción de España como Nación; un anhelo perseguido, desde hace muchos años por la izquierda y la ultraizquierda y sus socios separatistas que, aunque tan solo representan a una minoría, son los que, con sus votos, sostienen a los que nos gobiernan.

¿Cómo es posible que un puñado minoritario de votos pueda decidir en nombre de toda una mayoría? Pues eso es, precisamente, lo que está sucediendo en nuestra Patria, con la aquiescencia, expresa o tácita, de muchos de aquellos que tienen el deber moral de velar por la integridad de España.

La corrupción, en todas sus facetas posibles, nos cerca por todas partes, no hay más que ver los diferentes procedimientos judiciales abiertos y la cantidad de individuos e individuas que, o bien, están procesados, o próximos a estarlo. Una grave situación que debería de preocuparnos a todos y hacer avivar nuestras conciencias ante la penosa imagen que estamos dando en el mundo, especialmente, en el que nos rodea.

Por lo que se ve, aquí vale todo con tal de seguir en el poder. No solo amnistiar a los que trataron, por la fuerza, de romper la sagrada unidad de España o liberar a criminales convictos y confesos que asesinaron, con alevosía y premeditación, a nuestros compañeros; también, en una operación de gran calado, legalizar la situación de miles de extranjeros, del todo ajenos a nuestra cultura y a nuestras creencias, de los que desconocemos sus antecedentes, incluso su identidad real al venir indocumentados, pero que, oportunamente, con sus votos subsidiados, podrán inclinar la balanza en unas hipotéticas elecciones a favor de la parte que los ha legalizado.

Poco importa, como estamos viendo, que los índices de delincuencia se disparen; tampoco importa que la inseguridad ciudadana, tanto la objetiva como la subjetiva, crezca de forma incontrolada. No importa, tampoco, que nuestros socios europeos pongan el grito en el cielo al comprobar que España se está convirtiendo en un coladero que, a la postre, afectará a toda Europa. Aquí lo único importante es seguir en el machito al precio que sea.

Algunos señalan que se avecinan tiempos complicados en los que cualquier cosa, por muy extraña que se nos antoje, puede suceder. Habrá que estar especialmente atentos a lo que vaya sucediendo en los próximos meses que, para algunos, pueden resultar del todo cruciales para nuestro futuro inmediato.

España no se puede ir por el sumidero de la Historia porque así lo pretenda un grupo de políticos corruptos; España es el resultado de muchas generaciones de españoles que, a lo largo de los siglos, crearon esta unidad de destino en lo universal, escribiendo las páginas más gloriosas del devenir histórico del mundo, para que se perpetuase en el tiempo, más allá de las fluctuaciones o los devaneos de los políticos del momento.

Todos los españoles tenemos la sagrada misión de perpetuar nuestra historia, no permitiendo que nadie, por ambiciones personalistas, pretenda llevársela por delante.

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