martes, 29 de noviembre de 2016

La muerte del Guardia Poveda

El día 28 de junio de 1908 Barcelona fue escenario de la inauguración del monumento al Rey D. Jaime I. Una jornada turbulenta que tuvo su prólogo a las cuatro y media de la mañana cuando en el mercado próximo a la calle Jerusalén hizo explosión una bomba que, pese a causar importantes daños materiales, no provocó víctimas.

No sucedió lo mismo alrededor de las nueve y veinte de la noche mientras el gentío se agolpaba en la Rambla de las Flores para presenciar el paso de la Cabalgata histórica. En ese momento, una bomba, colocada en un urinario público, hizo explosión causando, además del pánico y la conmoción entre el público, heridas a tres personas, dos de los cuales eran Guardias de Seguridad.

Con motivo de la celebración de estos actos se había dispuesto un servicio especial de vigilancia del itinerario fijando un puesto en los urinarios de las Ramblas, tristemente famosos por haber colocado en ellos artefactos explosivos en otras ocasiones. El Guardia situado en las inmediaciones de estos servicios públicos observó la presencia de un individuo, portando un paquete, que le infundió sospechas, motivo por el cual no lo perdió de vista comprobando que entraba en los urinarios dejando en ellos el paquete que portaba por lo que procedió a reclamar el auxilio de otros efectivos del Cuerpo colocados en las proximidades, haciendo para ello uso de su silbato-sirena, momento en que el artefacto hizo explosión.

Los Guardias heridos fueron José Poveda Jiménez, nº 279, de la 3ª Compañía y el del mismo empleo Manuel Prat. El Guardia Poveda presentaba fracturas en las dos piernas, teniendo la izquierda completamente destrozada, mientras que Prat tan solo una leve conmoción.

El Guardia José Poveda, tras las primeras curas, fue trasladado al Hospital de la Santa Cruz donde recibió la Sagrada Extremaunción, falleciendo poco después.

Tras las primeras pesquisas se pudo establecer que el Guardia José Poveda se encontraba en el interior de los urinarios en el momento de explosión probablemente tratando de averiguar el contenido del paquete dejado allí momentos antes.

Al día siguiente, a las cinco y media de la tarde, se celebró el entierro del Guardia al que asistieron su viuda y sus seis hijos, así como Autoridades y representaciones del Cuerpo.

Este Guardia es el primer caído del Cuerpo tras la promulgación de la Ley de 27 de febrero.

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